Rebelión contra la reforma educativa

REBELIÓN CONTRA LA REFORMA EDUCATIVA

David Brooks Corresponsal / La Jornada / 1º de junio de 2013, p. 2 Nueva York, 31 de mayo.

profesores ChicagoMaestros, estudiantes y padres de familia festejaron en Seattle el triunfo para anular la imposición de exámenes estandarizados, parte de una creciente rebelión en varios puntos del país –desde Texas a Illinois y Nueva York– contra una reforma educativa que busca emplear los exámenes para evaluar a estudiantes, maestros y escuelas con un esquema corporativo que para algunos es parte del esfuerzo para romper los sindicatos y privatizar lo que algunos llaman el mercado de la educación pública.

De hecho, algunos expertos afirman que ya se ha iniciado una revolución en la educación pública en este país. Es siempre difícil decir exactamente cuándo inicia una revolución. No soy experto, pero hasta yo puedo ver que una está tomando forma en la educación pública estadunidense, escribió John Tierney en la revista The Atlantic. Tierney fue profesor de política durante 25 años en el Boston College y después fue maestro en una preparatoria en la misma ciudad.

Como evidencia señaló el creciente número de maestros que se rehúsan a aplicar exámenes estandarizados, padres de familia que optan por sacar a sus hijos de la escuela el día de pruebas y el boicot de estudiantes. También hay cada vez más políticos y legisladores expresando públicamente sus dudas sobre los exámenes y otras iniciativas de la reforma educativa.

Hay cada vez más indicadores de que las reformas basadas en la evaluación de maestros y escuelas por examen estandarizado –con un esquema empresarial impulsado durante la pasada década por multimillonarios como Bill Gates (Microsoft), Mark Zuckerberg (Facebook), Michael Bloomberg (alcalde de NY) y la familia Walton (Walmart), entre otros, y endosadas por los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama– enfrentan su primer y mayor desafío en cada vez más esquinas del país.

En enero, maestros de la preparatoria Garfield en Seattle decidieron no aplicar el examen conocido como medidor de progreso académico (MAP son sus siglas en inglés), declarando que era una pérdida de tiempo y de fondos que podrían ser empleados mejor para otros fines de apoyo académico, además que era una manera injusta para evaluar a maestros.

Fueron amenazados con ser suspendidos por las autoridades escolares de la ciudad, pero empezaron a recibir apoyo de maestros no sólo en Seattle, sino de todo el país. Mientras tanto, cientos de maestros, estudiantes y padres de otras escuelas en la urbe empezaron a participar en el boicot de los exámenes (seis preparatorias se sumaron). Después de meses de lucha, la semana pasada las autoridades decidieron ceder y el superintendente de escuelas de la ciudad José Banda declaró que los MAP ahora son opcionales y que aquellos que deciden no usarlos tienen que buscar una forma alternativa para evaluar a los estudiantes.

Jesse Hagopian, maestro de historia y representante sindical en la preparatoria Garfield, dijo que se perciben como parte de movimientos en todo el país contra los exámenes estandarizados, desde padres que se rehusan a que sus hijos tomen los exámenes hasta la asociación de directores de escuelas del estado de Nueva York afirmando que ya basta con estas pruebas.

En entrevista con el programa de noticias Democracy Now, Hagopian afirmó que este triunfo –en el cual de manera unánime toda la facultad de su escuela votó en contra de instrumentar el examen– es “una crisis real para estos promotores de una reforma de educación corporativa… porque todo su sistema depende de… reducir la enseñanza y el aprendizaje a una sola calificación, que pueden utilizar para cerrar escuelas, como lo que estamos viendo en Chicago y Filadelfia, para degradar la educación, extraer ganancias de eso y privatizar nuestras escuelas, volviéndolas escuelas charter… Y creo que por eso es que tantos maestros, estudiantes y padres de familia en el país están celebrando este triunfo”.

Hagopian, como tantos otros opositores a la agresiva reforma educativa que se ha impulsado durante la pasada década, afirma que no están en contra de la evaluación de maestros y escuelas, y que de hecho sus colegas han elaborado alternativas que ofrecen medir todo tipo de capacidades que no se registran por los exámenes estandarizados. Estamos en contra de evaluaciones que no son culturalmente relevantes, no alineadas con nuestro currículum, y que no promueven el tipo de capacidades que creemos son necesarias en el mundo hoy.

Pero tal vez más sorprendente ha sido el movimiento de padres, maestros y estudiantes en Texas, donde la legislatura estatal –obligada por la presión popular– aprobó a finales de abril medidas para reducir el número y uso de los exámenes estandarizados en el estado. Esto sucedió en la cuna de la reforma educativa que se ha promovido a escala nacional, primero con George W. Bush, quien llevó a Washington su supuesto milagro en educación realizado como gobernador de Texas para aplicarlo a escala nacional, y el cual ha sido modificado, pero sin cambiar sus premisas, por el gobierno de Obama.

Todo empezó con un grupo de ocho madres en Austin y Houston, a quienes todos descartaron por ser novatas en la política. Pero su ira contra los mandatos estatales que sometían a sus hijos cada vez más a exámenes estandarizados y los efectos que eso tenía sobre la enseñanza impulsó una organización que al final abrumó a las fuerzas empresariales y políticas que habían convertido a Texas en la capital de los exámenes estandarizados, reportó el Austin American-Statesman.

“¿Quién permitió que estos big boys fueran a jugar con la educación? Ahora las madres tenemos que limpiar todo, como siempre”, indicó Theresa Treviño, siquiatra que ayudó a impulsar uno de los grupos de padres de familia –compuesto por toda la gama política– que han logrado inundar al Capitolio estatal y obligarlos a reducir, para empezar, de 15 a cinco los exámenes requeridos para egresar de las escuelas públicas.

manifestantes ChicagoAcusan que las reformas han sido un fracaso colosal.

De hecho, voceros de 86 por ciento de los distritos escolares de Texas afirmó que los exámenes están estrangulando nuestras escuelas públicas.

Entre los más asustados por esto, además de los promotores empresariales y políticos de estas reformas en todo el país, está la multinacional Pearson –la empresa de exámenes y servicios de educación más grande del mundo–, que se ha beneficiado con las reformas al diseñar y administrar los exámenes estandarizados. Pearson tiene un contrato de cinco años por un total de 468 millones de dólares para proveer las evaluaciones estatales en este sistema (la misma empresa está ampliando sus operaciones por todo Estados Unidos en este sector).

De hecho, el gasto de los estados en exámenes estandarizados ha crecido de 552 millones en 2001 a mil 700 millones en 2012, según cálculos del Pew Center y Brookings Institution.

Su organización, persistencia e inteligencia ha derrumbado al movimiento en favor de los exámenes en Texas. Lo lograron. Derrumbaron la máquina, festejó Diane Ravitch, tal vez la mayor experta en políticas de educación, ex secretaria asistente de Educación del gobierno federal y una de las criticas más feroces de las llamadas reformas basadas en modelos empresariales.

Por otra parte, directores de escuelas –cientos de ellos en Nueva York, como de otras partes del país– han denunciado públicamente el modelo basado en exámenes estandarizados para la evaluación de estudiantes, maestros y escuelas.

También se reportan rebeliones estudiantiles contra este modelo –de Carolina del Norte, Illinois y Colorado, a la costa oeste– la cuales rechazan los exámenes y otras medidas (reducción de personal, cierre de escuelas y más) con boicots, ocupaciones, y hasta protestas zombie, con las que se burlan de un modelo que los trata como sonámbulos.

La semana pasada, en las ceremonias de graduación de la escuela de posgrado de educación más antigua del país –Teachers College, que celebra su 150 aniversario y es parte de la Universidad de Columbia en Nueva York– algunos estudiantes realizaron una protesta silenciosa contra la oradora invitada, Merryl Tisch, por su papel clave en promover la agenda de las reformas de educación basadas en exámenes estandarizados y la semiprivatización de escuelas públicas. Mientras hablaba, algunos levantaron pancartas en las que se leía No soy una calificación de examen o nuestros estudiantes no son estadísticas. La presidenta de Teachers College, Susan Fuhrman, es integrante de la junta de directores de la empresa Pearson.

Asimismo, hace una semana maestros de Chicago realizaron acciones durante tres días contra el cierre de 54 escuelas públicas en barrios de bajo ingreso, mientras que sus contrapartes en Filadelfia junto con miles de estudiantes abandonaron clases para protestar contra recortes en el sistema educativo.

En el otoño de 2012, el sindicato del magisterio en Chicago realizó su primera huelga en 25 años contra el nuevo régimen de evaluaciones. En algunos estados, hasta una mitad de la evaluación de un maestro se determina ahora con las calificaciones de sus estudiantes en los exámenes estandarizados.

En febrero pasado, más de 200 activistas comunitarios, padres y estudiantes de 18 ciudades llegaron a Washington para enfrentar al secretario de Educación, Arne Duncan, por las clausuras masivas de escuelas públicas como resultado de las políticas de educación instauradas por el gobierno de Obama. Se unieron en una coalición que se llama Movimiento viaje a la justicia y registró varias quejas formales en la oficina de derechos civiles del Departamento de Educación al denunciar que la clausura de la mayoría de las escuelas dañaba abrumadoramente a estudiantes de color; algunos calificaron las reformas como finalmente racistas.

Las escuelas son calificadas por resultados en los exámenes estandarizados con las fórmulas promovidas por el Departamento de Educación, sin tomar en cuenta, dicen opositores, que hay una correlación entre calificaciones bajas y el nivel socioeconómico de los estudiantes en estos planteles.

Sin embargo, Barack Obama y su gobierno muestran confusión ante lo que está ocurriendo. El presidente ha reiterado que prefiere que los maestros no enseñen para el examen, pero al mismo tiempo su programa federal Race to the Top (Carrera a la Cima) señala que estos exámenes se usan como la principal evaluación de cada maestro. o sea, sus carreras y la sobrevivencia de sus escuelas dependen de ellos.

Ante todo esto, tampoco sorprende que haya una crisis entre los maestros, una profesión en donde más de la mitad de los nuevos no aguanta más de cinco años antes de cambiar de carrera. Los veteranos tampoco. Ron Maggiano, maestro de una preparatoria pública en Virginia, quien ganó un par de premios nacionales por su creatividad y talento educativo, anunció su retiro, después de una carrera de 33 años, porque está harto de la obsesión con los exámenes estandarizados que él dice han minado la educación, reportó el Washington Post. No creo que yo esté abandonando el sistema de educación. Creo que el sistema de educación me abandonó a mí, dijo.

Gerald Conti, quien se jubiló después de 27 años como maestro en una preparatoria en el estado de Nueva York, difundió una carta explicando por qué se tenía que retirar, incluyendo la observación de que los políticos nos fallaron al vender los intereses de los niños a industrias como Pearson y cómo los sindicatos no hicieron lo suficiente contra los exámenes estandarizados, entre otras cosas. Me doy cuenta de que no estoy dejando mi profesión, en verdad, me ha dejado a mí, ya no existe. Después comentó que esto es resultado de la supuesta reforma, algo dirigido por gente que no sabe nada sobre educación.

El profesor emérito de educación de la Universidad de Illinois, Bill Ayres, en una carta abierta al presidente Obama enviada a principios de este año, identificó tres aspectos de la llamada reforma de educación que cada vez provocan mayor repudio entre los maestros, estudiantes y padres de familia: el traslado de bienes públicos del sector educativo, incluyendo instalaciones, a administradores privados; el desmantelamiento y represión contra la voz colectiva e independiente de maestros, y la reducción de la educación a una sola medida de evaluación que son los exámenes estandarizados.

Indica que no hay ninguna evidencia objetiva que esto lleve a un mejoramiento de la educación, por tanto la califica de una reforma libre de hechos y basada en la fe.

Concluye que estos tres pilares de la agenda de reforma que se han promovido descansan sobre una metáfora “seductora, pero totalmente imprecisa: la educación es sólo un bien más como cualquier otro –como un auto, un refrigerador, una caja de tuercas– que se vende y compra en un mercado”. Ante ello, se supone que una escuela es como un negocio administrado por un ejecutivo en jefe, con los maestros como trabajadores y los estudiantes como materia prima que circula por la línea de ensamble. Por ello, afirma, los opositores a este tipo de reforma afirman que la educación es un derecho humano fundamental, no un producto.

“Hemos tenido más de una década de exámenes estandarizados y ahora necesitamos admitir que no está ayudando… Basta ya”, exclamó Ravitch al apoyar el boicot a los exámenes por los maestros en Seattle. La ex subsecretaria de Educación antes era una de las principales promotoras de estas reformas.

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