El cuento de hadas

El cuento de hadas sobre la disidencia magisterial

Luis Hernández Navarro
La Jornada
29 de diciembre 2015

El cuento de hadas sobre la disidencia magisterial
Para explicar el origen del conflicto magisterial en curso, la fuerza de la disidencia de los docentes democráticos en el país y los problemas educativos en curso, el poder inventó un cuento de hadas. Según su relato, todo comenzó en Oaxaca en 1992, cuando el gobernador Heladio Ramírez López entregó a los maestros el control de la educación en la entidad.

De acuerdo con la fantasía oficial, una Minuta de 16 puntos, firmada por el mandatario oaxaqueño (en papel de Caperucita Roja) y el profesor Erangelio Mendoza (en función de Lobo Feroz), en nombre de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), proporcionó a los maestros sindicalizados el control absoluto del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) y recursos ilimitados.

Este control –continúa el cuento gubernamental– es la base de poder de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no sólo en Oaxaca sino en el resto del país. Según esta ficción, basta con derogar la Minuta de 1992 para acabar de una vez por todas con la fuerza del malvado lobo feroz y permitir al pobre Estado-caperucita roja librarse del villano y recuperar la rectoría de la educación.

Han pasado ya más de cinco meses desde que el gobierno abrogó unilateralmente la famosa Minuta y militarizó el IEEPO. No conforme con eso, metió a la cárcel a cuatro maestros y levantó denuncias penales contra muchos más; amenazó con despidos; trasladó a efectivos militares y de la Policía Federal por todo el país, y congeló ilegalmente cuentas bancarias de dirigentes, mientras en Chiapas era asesinado el profesor David Gemayel Ruiz. Pero, a pesar de ello, la quimera oficial se ha estrellado con la realidad: lejos de disminuir, la fuerza de la CNTE creció.

Y es que el cuento de hadas… es un cuento de hadas. La sección 22 nunca nombró ni a los directores ni a los principales directivos del IEEPO. Todos y cada uno fueron designados por el gobernador en turno. Tampoco controló sus recursos. Su incidencia en la institución fue mucho más limitada que lo que las mentiras oficiales han difundido. La fuerza de los maestros oaxaqueños nunca ha dependido del supuesto control que ejercen en la dependencia. De hecho, la famosa Minuta se firmó 12 años después de surgido del movimiento. Entre 1980 y 1992 los profesores democráticos fueron insistentemente acosados por el SNTE y las autoridades educativas, y a pesar de ello mostraron músculo y capacidad de convocatoria en numerosas ocasiones.

El cuento de hadas gubernamental al uso responsabilizó de la firma de la Minuta a Heladio Ramírez. Pero resulta que en aquel entonces era secretario de Gobernación Fernando Gutiérrez Barrios, y titular de Educación Pública Ernesto Zedillo Ponce de León. ¿Algún analista o político en su sano juicio cree que el gobernador de Oaxaca pactó el acuerdo con el magisterio oaxaqueño sin la aprobación de estos dos funcionarios? ¿Algún iluso puede afirmar que esos políticos eran “blandos” a la hora de negociar con la disidencia magisterial?

Como sucede ahora, la ilusión de acabar con la CNTE siempre ha estado presente en las élites gubernamentales. Pero nunca han podido desaparecerla. De distintas maneras y por diferentes vías, la Coordinadora ha terminado negociando con los gobiernos en turno a lo largo de sus 36 años de vida. La lista de los funcionarios con que ha tratado es enorme. Entre muchos otros, además de don Fernando y del ex presidente Zedillo, están Jesús Reyes Heroles, Patrocino González Garrido, Manuel Bartlett, Fernando Solana, Manuel Camacho, Patrocinio González Garrido, Jorge Carpizo, Carlos Abascal y muchos otros. Si varios de estos políticos tuvieron que tratar con la Coordinadora no fue porque quisieran; la realidad los obligó a hacerlo.

En su momento, a su manera, muchos de ellos inventaron también su cuento de hadas acerca de la naturaleza de la insurgencia magisterial y sobre cómo era posible derrotarla. Por ejemplo, en 1983, mientras los charros del SNTE gritaban a los maestros democráticos “¡Hijos de Reyes Heroles!”, el entonces secretario de Educación desautorizaba a la Normal Superior de México impartir cursos foráneos, descentralizaba las especialidades hacia cuatro centros fuera del DF y destituía al cuerpo directivo de la institución. Se decía entonces que, como la Normal Superior era la base de operaciones de la CNTE, al estrangularla se iba a asfixiar a la disidencia. Pero eso no pasó. La Coordinadora asimiló el golpe y siguió adelante.

También la actual administración ha negociado con la CNTE. En su comparecencia en la cámara, el subsecretario de Gobernación Luis Enrique Miranda informó que el gobierno federal había firmado con la disidencia 19 minutas; la última el pasado 4 de junio. Se guardó de decir que el gobierno ha incumplido muchos de esos compromisos.

Ahora, a pesar de ello, el secretario de Educación, Aurelio Nuño, se niega a negociar con la CNTE. No sólo eso. Busca, a como dé lugar, la rendición de los maestros insumisos; para aplastarlos ha echado a caminar en su contra una brutal ofensiva policiaca. Y, aunque ha sido arropado por el aplauso fácil de las cámaras patronales, su esfuerzo ha sido absolutamente fallido. La fuerza de la CNTE no ha hecho más que aumentar en casi todo el país, de la mano de la inconformidad magisterial, presente en más de 28 entidades federativas.

Es hora de abandonar los cuentos de hadas. Para resolver el conflicto magisterial el gobierno federal no tiene más salida racional que sentarse a negociar. No se trata de partir de cero. El acuerdo del 4 de junio contiene los elementos centrales para salir del embrollo.

Twitter: @lhan55

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Fracaso de la evaluación docente

GUERRERO: EL FRACASO DE LA EVALUACIÓN DOCENTE

Luis Hernández Navarro. La Jornada 8 diciembre 2015pasamos la evaluación

Guerrero vive asolado por el crimen. Es uno de los estados más inseguros del país. No hay región en la entidad que esté a salvo de la violencia. Tan sólo durante noviembre se perpetraron allí 172 asesinatos, 79 en Acapulco.

No es extrañar, pues, que el pasado 3 de diciembre se haya enviado a la perla del Pacífico a 6 mil policías federales. Desafortunadamente no llegaron a cuidar a los ciudadanos de las bandas delincuenciales. Su misión fue otra: resguardar las instalaciones de Fórum Mundo Imperial, donde se evaluó a los docentes. Los gendarmes fueron enviados no a perseguir hampones, sino maestros insumisos.

El promedio no está mal: 6 mil uniformados para cuidar a 2 mil 77 maestros examinados. Es decir, tres policías por docente.

Sin embargo, pese al enorme despliegue policiaco, las autoridades educativas no pasaron la prueba de la evaluación. Una espontánea rebelión en la granja la descarriló. E, incapaces de admitir su responsabilidad en la desorganización del acto, se apresuraron a culpar a los maestros de lo sucedido. Fue un sabotaje fallido, dijeron.

La historia de lo sucedido el 4 de diciembre en Acapulco es diferente a como la presentó Aurelio Nuño. Aunque no se permitió el acceso de los reporteros al recinto hasta las 4 de la tarde (y sólo después de que protestaron y fueron amagados por los antimotines), las inconsistencias del relato oficial pueden constatarse revisando tres videos que tuvieron amplia difusión en redes sociales y medios electrónicos, y testimonios aparecidos en La Jornada Guerrero, El Sur de Acapulco y el canal de televisión de Excélsior.

Unos 3 mil profesores de diversas instituciones y niveles educativos fueron trasladados al puerto desde el día anterior, y hospedados en hoteles de lujo, como el Princess, Pierre Marqués y Resort Mundo Imperial, pertenecientes al grupo Autofin, del empresario Juan Antonio Hernández.

No todos los docentes que asistieron a la prueba eran parte del grupo de notificados. Fueron incluidos maestros que se apuntaron al final porque la autoridad les ofreció beneficios personales. También participaron trabajadores al servicio del gobierno del estado que nada tienen que ver con la educación, a los que se les pidió que asistieran y se hicieran pasar por profesores.

A las 5 de la mañana los examinados se concentraron en el lobby de los hoteles, pues debían estar en Fórum Mundo Imperial entre 5:30 y 6:30. Según el secretario de Educación de Guerrero, José Luis González de la Vega, llegaron 2 mil 630 maestros. Para ingresar a las instalaciones pasaron retenes policiacos dotados de equipo antimotines y unas enormes barras metálicas. Presentaron su identificación oficial y su hoja de notificación. Ya dentro del edificio desayunaron huevo con papas.

A las 8 de la mañana comenzó la prueba. Poco después de las 9:30, un grupo de maestros de educación física reclamó al secretario de Educación la falta de computadoras para hacer el examen. Esto, a pesar de que allí había equipos de cómputo empacados, que no fueron instalados. Otros profesores estaban molestos porque no podían ingresar al sistema por fallas en el programa.

El secretario ofreció que los que no habían alcanzado computadoras podrían hacer el examen cuando sus compañeros terminaran el suyo. A los afectados les pareció una respuesta muy poco seria: llevaban horas esperando.

Fue cuando dos maestras inconformes fueron jaloneadas por agentes uniformados y otros profesores más empujados por antimotines. Ofendidos, algunos profesores comenzaron a gritar: ¡Que se vayan los policías, no somos delincuentes!, mientras otros exclamaban ¡vámonos!, ¡son las mismas ratas!, y otros más ¡sí se puede, sí se puede! y ¡júntense, júntense! En ese momento varios docentes apagaron sus computadoras, hasta que, finalmente se desconectó el sistema.

En pleno desorden, convencidos de que no había garantías para hacer el examen, muchos maestros trataron de abandonar el recinto, pero los guardias quisieron impedirlo. Y, cuando el gobernador Héctor Astudillo llegó a Mundo Imperial, personal de la secretaría de Educación estatal ofreció dinero a los docentes para que siguieran realizando la prueba.

Finalmente, cuando horas después las autoridades pudieron restablecer el orden, la evaluación continuó en medio de múltiples anormalidades. Con permiso de la autoridad, muchos maestros que la presentaron respondieron las preguntas en grupo o consultando manuales.

Más que ser resultado de una nueva edición del caballo de Troya protagonizada por la disidencia magisterial, lo que propició el descalabro del examen docente en Guerrero fue la suma de la torpeza gubernamental para operarlo, y el enorme malestar del magisterio (incluso del que está dispuesto a examinarse) contra una evaluación impuesta por la amenaza del despido y con el apoyo de la policía.

A los graves problemas que regularmente la autoridad ha tenido que enfrentar al hacer la evaluación en otros estados, en el caso de Guerrero hay que añadir un factor: el papel de José Luis González de la Vega, el secretario de Educación del estado.

También encargado del despacho durante la administración de Zeferino Torreblanca, González de la Vega –durante años estrecho colaborador de Elba Esther Gordillo– es acérrimo enemigo de la normal rural de Ayotzinapa, y ha sido señalado por la Auditoría Superior de la Federación como responsable de múltiples irregularidades en el manejo de los recursos presupuestales (goo.gl/Qhg3Op). Su autoritarismo e ineptitud fueron claves en el fracaso del examen del pasado 4 de diciembre.

Pero, más allá de falsos caballos de Troya y torpezas gubernamentales, hay datos duros que muestran el fracaso de la evaluación en Guerrero. Si allí se examinaron sólo 2 mil 77 maestros (varios no escogidos originalmente) de 4 mil 100 notificados, eso significa que hicieron la prueba apenas la mitad de los profesores requeridos. En pocas palabras: la SEP salió reprobada.

Twitter: @lhan55

SOJUZGAR. Manuel Gil Antón

SOJUZGAR
Manuel Gil Antón   05/12/15campaña

La mirada severa. Tono de voz que procura firmeza en el mensaje monocorde: el que no se presente a la evaluación para la permanencia será separado del servicio. Es la ley. La reforma educativa no tiene vuelta atrás. Si no pasa el examen conservará el trabajo, no se preocupe. El asunto es que se apersone, en la sede que indica el oficio, a la hora debida. Lo que importa es que se ajuste a lo estipulado. Presentarse, obedecer, formarse en la fila, someterse: entrar a la maquinaria sin fin de la desconfianza para que demuestre, cada tanto, lo contrario. Sin un nivel adecuado a la primera, permanecerá en las aulas, pierda cuidado. Tendrá una marca en la frente nada más: “insuficiente”, que se borra a través de la capacitación que le daremos para que, a la que sigue, ya pase. O a la otra.
En caso de aprobar, ya la hizo, pero por cuatro años nada más, ¿me oyó? No se confíe. Será clasificado como “suficiente”, “bueno” o “destacado” sólo durante ese lapso. Tiene que volver pues la tarjeta de circulación caduca. El trabajo es y será, por siempre, temporal. De acuerdo al nivel de logro, hay sobresueldos, y para los destacados, además, preferencia en los créditos de vivienda. ¿Todo está claro? No. Hay una pregunta de cuya respuesta deriva si la reforma es educativa: ¿se trata de evaluar o sojuzgar? Al diccionario. Sojuzgar: sujetar, dominar, mandar con violencia. Dominar o mandar violentamente sobre una persona o grupo. ¿Sinónimos? Sujetar, someter, avasallar y subyugar. Sostengo, con base en el saber de expertos y la sabiduría de profesores incuestionables, que estamos ante el imperativo de sojuzgar, como sea, al magisterio en el país, haciendo pasar ese acto de poder crudo y torpe como si fuera, en verdad, una evaluación confiable y válida. No lo es. Con cuatro evidencias comentadas del trabajo realizado, más un examen de opción múltiple: 150 preguntas a responder en 4 horas (96 segundos por reactivo, sin parar) y, luego de un receso, otras 4 horas el mismo día para realizar una Planeación Didáctica Argumentada, ¿es posible valorar el desempeño, por ejemplo, de una profesora con 15 o 20 años de trayectoria? De ninguna manera. Es un despropósito semejante a tratar de medir la presión arterial con un desarmador roto. La SEP dice que sí. El INEE, autoridad nacional autónoma en materia de evaluación educativa, ha dado su beneplácito a tal proceder, pues se ajusta a las directrices y lineamientos que emitió. Se ha encargado, además, de certificar, con premura, a miles de evaluadores que, con base en su experiencia y una pauta que
incluye el conjunto de aspectos a revisar (“rúbrica”), calificarán tanto las muestras del trabajo como la planeación didáctica. Todo esto a pesar de haber reconocido que no pudo consultar como debía para diseñarla evaluación, y que los instrumentos no se pudieron “pilotear” por falta de tiempo. Cruje la lógica. Sojuzgar requiere desplegar la fuerza pública como garante del éxito. Lo hemos visto: más policías que sustentantes. Evaluar de manera adecuada, exigente mas no punitiva sino orientada a mejorar, no requiere gendarmes: basta la confianza en su sentido y forma. Hay quienes se resisten a cualquier evaluación, es cierto: no coincido con ellos. Pero hasta donde me es dado ver, una proporción muy grande del magisterio (se presente o no a las sedes, o se oponga) sabe muy bien que esta “evaluación” se finca en la amenaza, no tiene forma de sostener la validez de sus procesos, menos sus resultados, y tiene como objetivo someterlos a los designios de una autoridad que de horizonte educativo carece. No los concibe como socios del cambio para impulsar el aprendizaje: son objetos. Sospechosos ya culpables. Por eso tantos azules, tanta amenaza, tanta mentira: propaganda pueril. Foto hechiza. Inserción pagada. Ruido y miedo.

Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México.

 @ManuelGilAnton           mgil@colmex.mx