Análisis del modelo educativo 2016

El modelo educativo 2016: ¿qué significa?[1]

Hugo Casanova Cardiel

Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación – UNAM

El pasado 21 de julio el gobierno federal presentó su Modelo Educativo 2016. También hizo pública la Propuesta Curricular para la Educación Obligatoria 2016. Ambos documentos constituyen el episodio más reciente del accidentado proceso de política  educativa que ha tenido lugar a lo largo de cerca de cuatro años.

¿Qué significa contar con un nuevo modelo educativo en México? ¿Cuál es el sentido del  gobierno para presentar un modelo educativo orientado al último tramo de su gestión? ¿Qué sentido tiene para los alumnos, los maestros y las escuelas -es decir para el sistema educativo nacional- contar con un nuevo modelo educativo?  ¿Qué significa para el magisterio alternativo el nuevo modelo educativo? ¿Por qué es importante para la sociedad mexicana un nuevo modelo educativo? ¿Qué significado tiene un nuevo modelo educativo para el conocimiento académico? Aunque por supuesto no podríamos atender a cada una de estas interrogantes, si quisiera que nos pudieran servir como referentes para estas apuradas reflexiones.

El modelo educativo no constituye un tema aislado o un simple tema técnico sobre el cual se pide un pronunciamiento. Se trata, como se ha dicho antes, del capítulo más reciente de la crisis de conducción de la educación nacional y forma parte de las incertidumbres de la política educativa actual. Por todo ello la confección de un modelo educativo no puede ser generada a partir de una consulta formalista y mucho menos a partir de reuniones privadas con las cúpulas –como las que ha promovido el secretario ante los gobernadores, la Junta de Gobierno del INEE y unos cuantos grupos– en las que se pretende aprobar aquello que ni se ha discutido y en muchos casos ni siquiera se ha comprendido.

El modelo educativo, presentado cerca del inicio del último tercio de este gobierno, se encuentra absolutamente a destiempo de su papel como soporte o como fundamentación de la política educativa nacional. Es menester recordar que dicha política fue lanzada en el llamado Pacto por México el 2 de diciembre del 2012 en Chapultepec y que respondió a un triple esquema de calidad, evaluación y servicio profesional docente. Asimismo es preciso señalar que la política educativa fue operada, sin realizar consulta alguna y sin pensarlo dos veces, con base en una serie de estrategias políticas, legislativas, judiciales y mediáticas que llevaron a la educación pública nacional a una crisis sin precedentes.

Si tomamos en serio el concepto de modelo y atendemos a la dimensión de considerarlo como referente o como guía a seguir para el desarrollo de determinado campo –en este caso el educativo– el problema resulta doblemente preocupante pues, además de sus limitaciones en términos de forma, ofrece serias problemas en términos de contenido.

Por su construcción el documento apela mucho más a un tratamiento conceptual del hecho educativo que a su planteamiento estratégico. Es decir, apela más a un discurso en el que se refieren las características intrínsecas de los factores de la educación –muchos de ellos plenos de buenas intenciones– pero que se encuentran muy lejos del marco de actuación de un  gobierno en términos programáticos y de operación. Además al considerarse su aplicación hacia el final del sexenio no hay manera de contrastar su solidez y aplicabilidad. Se trata de una sucesión de declaraciones cuya aplicación y valoración se antojan francamente imposibles.

El documento abre con un tono severo, recordando que una de las características históricas del sistema educativo ha sido su verticalidad y su carácter prescriptivo (pp. 11-14). Esa afirmación deriva en el argumento de que, después de casi un siglo, la situación es insostenible pues “el modelo educativo ya no es compatible con una sociedad más educada, plural, democrática e incluyente” (p. 14). Así, bajo tal señalamiento toma forma uno de los rasgos del documento: se reconocen algunos problemas reales de la educación pero no se les atiende. Es decir, nadie duda del carácter vertical de las decisiones educativas en términos históricos, pero tampoco existe duda alguna en que la política educativa de este gobierno, se ha generado también desde una lógica profundamente vertical y prescriptiva. Baste recordar la forma en la cual ha sido diseñado e implantada la política educativa: al margen del magisterio y de la sociedad en general. Y justo lo que es denunciado en el documento es lo que se promueve.

En el documento se hacen afirmaciones que parecen novedosas pero que en realidad forman parte del conocimiento educativo desde hace muchas décadas. Un ejemplo es la afirmación de que, en el marco de la sociedad del conocimiento “la escuela ha dejado de ser el único lugar para aprender…” (pp. 14-15). Al respecto baste señalar de manera enfática, que nunca ha sido  la escuela el único lugar para aprender y que si acaso lo que hoy puede reconocerse es la necesidad de articular los diversos aprendizajes que ocurren en el marco de la escuela y fuera de ella… Lo mismo ocurre con la idea de la memorización, tema que ha sido objeto de profundas discusiones en los debates sobre el aprendizaje.

El tratamiento del documento sobre el aprendizaje y el desarrollo personal y social parece muy razonable: se habla de “apertura intelectual, de sentido de la responsabilidad, de conocimiento de sí mismo, de trabajo en equipo y colaboración”. (p. 15-17). Y dentro de estos conceptos se apela a elementos que van (p. 16) desde la valoración de la diversidad o la igualdad de género, hasta la convivencia pacífica, el respeto a la legalidad, la actitud ética, la ciudadanía, la confianza, la disposición a servir, la solución de conflictos y la negociación. Un catálogo de valores y principios irreprochables. Sin embargo habría que preguntarse, ¿Cómo alcanzarlos? ¿Cómo trascender el mero nivel declaratorio y concretarlos en la formación de los millones de niños y jóvenes que conforman el sistema educativo nacional? ¿Cómo conciliar estos caros anhelos con los mecanismos de represión y confrontación de este gobierno? ¿Cómo lograr la asimilación social de estos principios en medio de hechos tan graves como la desaparición de estudiantes y el uso de balas para contener las protestas?

El documento apela, como bien se sabe, a cinco ejes principales: Escuela al centro, planteamiento curricular, formación y desarrollo profesional docente, inclusión y equidad, gobernanza. Y dentro de tales ejes es posible identificar una gran variedad de temas y ángulos. Dado que su revisión exhaustiva implicaría un tratamiento tan extenso como el propio documento, aquí se aludirá solamente a algunos de los puntos que generan mayor preocupación.

Con respecto al primero de los ejes, la Escuela al Centro cabría precisar que su novedad parece solamente relevante para la burocracia, pues en la mente de los niños, de los maestros y de las familias de los estudiantes, el hecho es muy simple: la escuela siempre ha estado en el centro de lo educativo. En este primer eje, el documento plantea una explícita  toma de distancia ante la administrativización de la educación. Se dice: “…el enfoque administrativo de la organización escolar ha producido dinámicas indeseables como la subordinación de lo académico, la burocratización, la superposición de tareas, la ineficiencia, la pérdida de tiempo y de sentido a la par de frustración personal y colectiva en las comunidades escolares”. La crítica es impecable e implacable! Solamente que hay un problema: ese esquema tiene una plena vigencia. Y es justamente el estilo bajo el cual se han impuesto hoy los esquemas de calidad, de evaluación de la educación y del servicio profesional docente. ¿Se habrá pensado ya en la manera de revertirlo?

De igual manera ocurre con el tema de la llamada “nueva cultura escolar” y de “la escuela como comunidad con autonomía de gestión”. En el primer caso se hace un llamado para lograr la centralidad de lo pedagógico aunque eso sí, a través del impulso a la planeación estratégica y la evaluación! (p. 24). Y en el segundo caso, además de apelar nuevamente a la planeación estratégica, se precisan los ámbitos de actuación de los órganos colegiados de gobierno: el consejo técnico escolar en la educación básica y los consejos escolares de participación social, así como las academias en la educación media superior. Tales instancias plenas de buenas intenciones pero sin contar con un marco claro de desempeño.

Los otros temas son “asistencia, acompañamiento y supervisión pedagógica”, que apela a la formación de profesionales de apoyo técnico pedagógico, “materiales educativos” que refiere los libros de texto gratuitos y el uso de las tecnologías de información y comunicación, “infraestructura y equipamiento” que alude a los polémicos certificados de infraestructura educativa nacional… Asimismo se incluye el tema de reducción de carga administrativa que, paradójicamente, es de los conceptos más presentes en el documento.

El eje del planteamiento curricular resulta especialmente sugerente y propositivo. El punto dedicado a “La vigencia del humanismo y los valores” constituye un claro compromiso en el cual además de aludirse al artículo tercero de la  Constitución Política, son referidos los principios de “fraternidad y la igualdad, la promoción y el respeto a los derechos humanos, la democracia y la justicia”. De igual manera en este punto y para completar la definición del eje curricular se alude a la “mirada crítica e histórica en la que hay que formar a los educandos”. Ante tales afanes quedan sin embargo algunas preguntas: ¿Cómo alcanzar estos altos anhelos? ¿Cómo trascender desde el mundo de las ideas hasta el terreno de los hechos? Uno de los riesgos de las grandes declaraciones es quedarse al margen de la realidad.

Y cómo dice Manuel Pérez Rocha: “¿Estarán dispuestos nuestros actuales pedagogos de temporal a reconocer que algunos de los ideales educativos humanistas, que sirven de mero adorno a su modelo, fueron materia de las luchas que hace 100 años libraban los revolucionarios mexicanos, entre ellos los anarquistas y socialistas?” (La Jornada, 28 Julio 2016)

En el punto de “Los desafíos de la sociedad del conocimiento”, el documento apela a la necesidad de desarrollar un proceso de educación permanente para las personas. Asimismo, en el punto denominado “las oportunidades de las ciencias de la educación” se alude al necesario vínculo entre la investigación y la práctica.

Por su parte en el punto de “contenidos educativos” se refieren el tema del curriculum nacional de la educación básica y el marco curricular común de la educación media superior. Sobre tales medios debe destacarse la explícita mención al enfoque de competencias (p. 46) así como la alusión a los conceptos de “aprender a aprender”, “aprender a convivir” y “aprender a ser”, referidos hoy como conceptos de última generación pero que en realidad fueron ideas surgidas en el ámbito educativo hace cerca de medio siglo en Francia… (Cabe señalar como breve nota, que en México fueron la base para el surgimiento del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM).

El documento también recoge la dimensión de los “ambientes de aprendizaje”  (p. 50) y señala con toda razón que no basta con las condiciones materiales para desarrollar de manera plena el currículum… sin embargo, en un país donde las escuelas carecen de agua corriente, de pisos firmes, de mesas adecuadas, ¿A qué nos estamos refiriendo con los ambientes de aprendizaje? ¿Alguien revisó los datos oficiales de 2015 –del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa– que señalan que solamente el diez por ciento de las poco más de 150 mil escuelas de educación física contaban con un certificado de calidad de su infraestructura?  ¿Y que alrededor del 20 por ciento carecían de agua potable y que 4 mil no contaban con energía eléctrica?

El eje de la formación y desarrollo profesional docente, referido a los maestros y hasta ahora el centro de la política educativa, representa toda una proeza conceptual. En primer lugar coloca al frente la palabra Formación e instaura un cuidadoso tratamiento hacia los maestros. “Por ello –se dice en el documento– el modelo educativo 2016 refuerza la confianza en el profesionalismo de los maestros y deja de considerarlos como transmisores de  conocimiento prescrito en un currículo vertical…” Y para que estos maestros puedan ahora desempeñar sus tareas de manera profesionalizada es que “la Reforma Educativa creo el Servicio Profesional Docente que define los mecanismos para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia…” (p. 56). “Los procesos de evaluación” representan el punto que abre este eje y el documento es enfático al señalar: “En ningún momento se puede considerar que esta evaluación tenga un fin punitivo. Por el contrario, siempre deberá aportar información que a los maestros les resulte valiosa para mejorar su trabajo”. “El desarrollo profesional docente” y la “Formación Inicial” son los puntos en los cuales se alude al tema de la formación y actualización del profesorado.

En ambos casos se aprecia una notable, aunque tardía e incompleta, rectificación del énfasis puesto en la evaluación y de la ausencia de planteamientos en favor del fortalecimiento de la carrera docente. Si bien en el documento se alude de manera directa al normalismo y se reconoce su importancia: “En este proceso será fundamental asegurar que las virtudes de las normales se valoren y fortalezcan…” (p. 63) lo cierto es que también se sigue insistiendo en el tratamiento indiferenciado a los futuros docentes “independientemente de la escuela de donde provengan”. (p. 62). Cabe también destacar una afirmación contenida en este apartado, en el sentido de que “Todos los mexicanos reconocen y valoran la responsabilidad invaluable que los docentes tienen en el proceso educativo y su rol en la comunidad escolar”. (p. 63). Cabría preguntarse si en ese todos está incluido el gobierno federal…

El eje de Inclusión y Equidad aborda la problemática nacional de las diferencias de todo tipo y sería imposible que pudiéramos rebatir las políticas para eliminarlas.  No obstante, hay muchos temas relativos a la forma de lograrlo y a la inexistencia de mecanismos operativos en el documento. Las 5 millones y medio de personas al margen de las letras y las 32 millones de personas en condiciones de rezago educativo constituyen algo más que un dato para el país. Constituyen la frontera de la precariedad educativa y la muestra fehaciente de que es necesaria una verdadera reforma de la educación.

El eje de la gobernanza alude a una modalidad de gobierno claramente inexistente en México: la que supone la participación de la sociedad, la que supone la rendición de cuentas y la que supone la evaluación de los resultados de quienes nos gobiernan. En ese apartado es que se encuadran las actividades del SNTE y donde se señala como su responsabilidad: “…acompañar a los maestros y velar por sus derechos laborales, (y con respeto) de las atribuciones de la autoridad educativa, responsable de la política pública en materia educativa” (p. 80).

En el eje de gobernanza también están considerados la participación social (a través del Consejo Nacional de Participación Social en la Educación CONAPASE); la participación del Instituto Nacional de Evaluación de la Educación, encargado de “medir y evaluar”; y hasta el poder legislativo que según el documento “juega un papel crucial”.

El documento concluye, después de un breve apartado dedicado a cuestiones de financiamiento y del sistema de información, con un cierre en el cual precisa que el modelo educativo constituye:

“…un proceso a desarrollar, como un continuo inacabado, sujeto a una dinámica de mejoramiento…” y convoca  a una “…amplia participación en la que intervienen expertos y miembros del magisterio de todo el país (…) alienta una movilización pedagógica  nacional (…) de cabida a ideas y elementos (…) reconozca los espacios que corresponden a las voces plurales provenientes de regiones y localidades (…) sea gradual (…) pp. 89-95)

En este par de semanas esta convocatoria ha comenzado a ser atendida. Los gobernadores, los miembros del INEE, y algunos articulistas han manifestado sus puntos de vista y han estampado una vez más su firma en blanco. Son unas cuantas semanas para avalar, una vez más, lo que ha surgido de las plumas al servicio del poder público.

Para concluir quisiera expresar que eso que las autoridades de la educación denominan como modelo educativo simplemente no se sostiene y muy lejos de representar una ruta para mejorar la educación nacional, constituye un riesgo para su futuro.

[1] Notas preparadas para la participación del autor en el Foro: El modelo educativo de la SEP y el proyecto de educación democrática de la CNTE, organizado por Casa Lamm y La Jornada. 1 de agosto de 2016.

Casanova Casa Lamm

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