Intervención de Luis Hernández Navarro en el Foro del 9 de agosto del 2016

El fantasma de José Santos Valdés

Luis Hernández Navarro[*]

Este auditorio está lleno a reventar. Miles de maestros están aquí presentes. Sin embargo, no estamos todos. Nos faltan los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre de 2014. Desde aquí, exigimos su presentación inmediata con vida.

Está de moda declarar que la educación pública en México es zona de desastre. Ese es el mantra de la derecha empresarial, de los organismos financieros multilaterales y de la tecnoburocracia. No se trata de algo inédito. Desde años, los sectores más retrógrados de la política nacional lo han dicho para combatir al artículo 3o constitucional, a la educación socialista y a los libros de texto gratuito. Así lo hizo, por ejemplo, hace 64 años, la Conferencia Nacional de Educación Primaria, cuando declaró que la enseñanza primaria atravesaba por la más profunda de sus crisis. Desde entonces lo han repetido una y otra vez.

Lo novedoso en esta ocasión es el asalto de la derecha empresarial a la educación pública con el pretexto de sus dificultades. Ya lo vimos: los señores del dinero se quieren quedar con el negocio de la enseñanza y van con todo para lograrlo.

En un momento así es importante recuperar las enseñanzas del profesor José Santos Valdés, uno de los más imaginativos educadores que el país ha tenido. Sus juicios de entonces fueron un viaje anticipado al futuro del México de hoy. Su fantasma nos acompaña en este Foro. Sus reflexiones sobre lo que sucedía con la educación pública hace más de 50 años son válidas en este 2016.

Santos Valdés consideraba a los miembros de nuestro Olimpo Pedagógico (como los que hoy despachan enfrente de Santo Domingo) como unos copiones que, en lugar de ahondar en nuestra historia de la educación, se pasan el tiempo hablando de lo que no saben hacer. Sostenía que tenemos una práctica docente sólida, seria, de maestros que aceptan la teoría universal de la educación, pero no la imitan ni aceptan servilmente.

Profesionista estricto y conocedor profundo de los profesores de aula, no perdió nunca la fe en la capacidad creadora de los docentes. “La práctica –dijo– me ha probado que todas las virtudes inseparables del maestro surgen, avivadas, cuando el maestro de banquillo encuentra las condiciones que le han permitido revelarse tal como él quiere ser”.

Pero la derecha empresarial y la tecnoburocracia no quieren que esas virtudes afloren, y han legislado para impedirlo. Lo han hecho, humillando a los maestros y apropiándose de la palabra reforma. Lo que ellos llaman reforma no lo es porque su legislación, más que ampliar los derechos son un retroceso de más 50 años en el reloj de la historia de las conquistas laborales de los trabajadores al servicio del Estado y de la educación pública.

Para avanzar en su plan de asaltar la educación pública, los hombres de empresa se han propuesto descalificar a quienes la defienden: los maestros. Nada los detiene en su campaña para estigmatizar a los mentores. ¡Basta ya de desdeñar ya la profesión docente! Los trabajadores de la educación no son los villanos del drama educativo. Los maestros, directores y supervisores son profesionales de la educación. Y su profesión debe ser respetada. No con palabras huecas y melifluas sino con hechos.

Es falso que, como esta falsa reforma pretende hacer creer, se pueda mejorar la enseñanza estableciendo como norma la inseguridad en el empleo. La seguridad laboral hace atractiva la profesión, es parte de las condiciones que requiere para florecer. Su existencia es señal de que el maestro forma parte de un equipo y de una profesión. La permanencia da autonomía profesional y libertad de cátedra.

No habrá mejor educación con la nueva legislación. La incertidumbre en la permanencia en el empleo que la acompaña provocará que los maestros con experiencia sean sustituidos por profesores que no la tienen y que perciben menor salario. Que sean removidos para contratar a docentes sometidos al control del director y del inspector. Sin certidumbre laboral se eliminará la libertad de cátedra.

Como lo han mostrado los grandes pedagogos a través de la historia, la verdadera educación trata del entendimiento y el conocimiento, acerca de hábitos de pensamiento y de la capacidad para razonar con independencia y buen juicio, no de la habilidad para responder con rapidez exámenes de opción múltiple. Engañamos a los niños y a sus padres cuando no les damos a los pequeños y a los jóvenes las habilidades básicas que necesitan para hacer frente a la vida, y, en lugar de hacerlo, les hacemos creer que lo que necesitan para ser exitosos en el mundo es que sepan responder los exámenes estandarizados que las autoridades les imponen.

Los empresarios han fijado como regla para guiar la política educativa la consigna de que sólo se valora lo que cuesta. ¡Eso es falso! Usualmente, lo que más nos importa en la vida es lo que no tiene un precio ni una medida. Valoramos nuestras relaciones humanas, a los amigos y compañeros con los que compartimos nuestra vida, a la familia, a nuestros camaradas. No medimos cuánto queremos a nuestros padres o esposas o hijos. Los queremos y ya. ¡Basta ya de esa obsesión por medir todo lo que no puede ni merece ser medido! ¡Basta ya de evaluaciones punitivas!

No se pueden hacer cosas buenas si no se dejan de hacer las cosas que están mal hechas. No podemos hacer que la educación en nuestro país de un salto adelante con leyes mal hechas. Y esa falsa reforma es mala, muy mala. Y está uy mal hecha. Con ella no se puede mejorar la educación. Por el contrario, de seguir el sendero que ella marca, terminaremos en el desfiladero. Por eso, es necesario derogarla ¡ya!

¡Justicia para Nochixtlán! ¡Ya!

[*] [*] Intervención en el Foro “Hacia la construcción del Proyecto de Educación Democrática: Evaluación Educativa Integral” convocado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación el 9 de agosto del 2016 en la Unidad de Congresos del Centro Médico Siglo XXI del IMSS.

Luis Hdz

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Ponencia Hugo Aboites en el Foro 9 de agosto 2016

EVALUACIÓN: 100 AÑOS DE DEVASTACIÓN[1]

Hugo Aboites

La evaluación que hoy se aplica a los maestros nació en Francia hace más de cien años. La  intención era noble, detectar a los niños con alguna deficiencia en el aprendizaje para atenderlos mejor. Pero al llegar a Estados Unidos se transformó en un instrumento de exclusión. Porque se preguntaba a los niños acerca de temas y con palabras que sólo eran conocidos por las familias acomodadas, como lo que hay en las canchas de tenis, las partes de un gramófono, de ahí que los pobres, los negros, las mujeres,  tenían mayores dificultades para responder satisfactoriamente. Con estos exámenes, cientos de niños que nunca habían visto un juego de tenis fueron declarados débiles mentales y recluidos en internados. Luego este tipo de evaluación se utilizó en el centro de migración de la isla Ellis de Nueva York para detectar a los incapaces mentales e impedirles la entrada como migrantes a los Estados Unidos. Miles de irlandeses, italianos, rusos, judíos fueron devueltos a sus lugares de origen a partir de 1910, reprobados por no saber el nombre de una marca comercial norteamericana o el apellido de un pitcher de beisbol muy famoso,  pero sólo en Estados Unidos.  En 1914 con la primera guerra mundial los evaluadores se convirtieron en oficiales del Ejército y sus exámenes fueron utilizados para detectar a los cientos de miles de jóvenes que no sabían sumar o no podían completar alguna frase porque no habían ido a la escuela y enviarlos directamente a las trincheras y a la muerte.  En los años veinte estos exámenes comenzaron a utilizarse también para identificar a quienes eran considerados con el término técnico de “imbéciles” y se les prohibía tener hijos. Así, por no poner atención y responder bien al examen miles de niñas y niños fueron esterilizados injustamente. Y todavía en los años setenta, los evaluadores con toda frialdad seguían enviando a cientos de niños a ser operados. Antes de la segunda guerra mundial, los nazis fueron quienes mejor aprovecharon esta tecnología para tecnificar sus procesos de diferenciación racial disfrazándola de baja capacidad mental, y los evaluadores norteamericanos manifestaron su admiración por sus avances.  La locura de la evaluación llegó al extremo de considerar con algún problema mental a grandes sectores de la población americana y eso hizo recapacitar: una nación que se considerara llena de deficientes mentales no podía nunca llegar a ser una potencia mundial. Los evaluadores se refugiaron entonces en la educación, y comenzaron a evaluar a quienes buscaban ingresar a las universidades. Un mercado enorme que generó la industria de la evaluación a cargo de un instituto nacional de evaluación. Estos exámenes servían para diferenciar el acceso a las escuelas superiores. Las mujeres, negros, mexicanos, indígenas, inmigrantes eran rechazados de las mejores instituciones y enviados a escuelas  de carreras cortas.

En México, el uso de estos exámenes se convirtió en política nacional en los años noventa al derrumbarse finalmente la idea de la educación gratuita y para todos. Se crea el  CENEVAL,  evalúa a millones de  jóvenes para el ingreso a la educación media superior y superior, y logra ingresos por miles de millones de pesos. Y los resultados han sido semejantes, se rechaza a jóvenes indígenas, los de la periferia de las ciudades, los de las clases populares y, sobre todo las mujeres. Los suicidios de jovencitas que no lograron ingresar a una buena escuela como la UNAM, son sólo una manifestación de la enorme carga de desesperanza que esta nueva industria de la evaluación ha generado en los jóvenes mexicanos.  Sin una posición económica digna, con padres sin trabajo, se acumula un rezago de cientos de miles de muchachos sin perspectivas y, ahora, de manera sistemática y oficial, sin acceso a una buena institución educativa. Por otro lado, movimientos sociales como el de la UNAM en 1999 por la gratuidad y en contra de los exámenes del Ceneval, son en ese sentido, una demostración de que también existen respuestas que, a pesar del alto costo en represión, logran resultados.

Más adelante, al comienzo de los años dos mil, y en nombre de la calidad, se crea en México el INEE, y lo que hasta entonces era una política de medición sólo para los menos de un millón de aspirantes al bachillerato y la universidad, con la prueba ENLACE se extiende a cerca 15 millones de niños, niñas y jóvenes de primaria, secundaria y media superior.  Y, de inmediato, estos exámenes recuperan el espíritu y la nomenclatura de cien años atrás y la gran mayoría de los niños  evaluados resultan con bajos resultados ya no se les clasifica como “débiles mentales”, “imbéciles”, o “incapaces”, sino de manera no muy creativa se les llama “insuficientes”.  Miles de millones de niñas y niños de primaria amanecen a la vida ya cargados  del título oficial de “insuficientes” o “regulares”, sólo por ser víctimas de un examen único que no respeta la diversidad y enorme diferenciación social que sufre el país ni la pluralidad de sus culturas. El examen se convirtió en una farsa y un ritual  vacío que el mismo INEE denunció ante las denuncias, fue cancelado.

Después de 100 años de que una y otra vez estos exámenes estandarizados han reiterado su vocación profundamente hostilidad para con niños, estudiantes, ciudadanos, no debemos sorprendernos de que a partir del 2013 y a pesar de las promesas de una evaluación integral y contextualizada, finalmente regrese a la idea de un examen único pero esta vez para más de un millón y medio de maestros mexicanos. En  toda la historia de cien años, estos exámenes se han presentado siempre como nobles y generosos, son para atender el rezago,  para impedir que nazcan personas que serán infelices por tontos, para asegurar la calidad de las instituciones o, como ahora, supuestamente para ayudar a los maestros a formarse mejor. Pero una y otra vez esta evaluación ha pasado a crear multitudes de afectados, reclutados a la guerra, esterilizados,  millones de etiquetados como insuficientes y ahora, miles que dejarán de ser maestros. Todo en nombre de algo que el gobierno no acierta a definir qué es: la calidad.

Todo este sufrimiento, este caudal de víctimas, sin embargo no acierta a tener resultados. En México, se ha evaluado ya a casi 120 millones de personas en los últimos veinticinco años.  Y sin embargo, los evaluadores no parecen ser capaces de dar respuesta a dos preguntas fundamentales. Es más, lo más grave es que estas preguntas ni siquiera se plantean:  la primera, ¿qué hemos aprendido en todos estos años de evaluación? ¿Sabemos ya cómo mejorar la escuela? ¿Dónde está el vínculo detallado y preciso entre todas esas evaluaciones y el modelo que  ahora se propone? Tras un cuarto de siglo y más de cien millones de evaluados tenemos alguna evidencia generalizada de que el sistema educativo ha venido mejorando? En realidad la respuesta es negativa, porque ha sido muy fácil evaluar pero no sabemos diagnosticar y mejorar la escuela. En gran parte porque estos exámenes son hechos para diferenciar, excluir, castigar, no para explicar qué está ocurriendo en la educación. Si sirvieran, hoy sin duda tendríamos evidencias tangibles por montones de esa mejoría.  Pero nada se dice, y se sigue proponiendo exactamente lo mismo, que en el futuro, con más evaluaciones se llegará finalmente a un sistema de calidad. Es muy probable que dentro de otros veinticinco años, se nos contará la misma historia.

Esta evaluación no sólo no es un factor de mejora de la educación, sino que contribuye a deteriorarla. Lo fundamental de un proceso educativo, es que es esencialmente colectivo, como la familia. Pero la evaluación busca individualizar, tomar a maestro por maestro, separarlo del resto y colocarlo sólo frente a la evaluación. Enfatiza el individualismo y vuelve indefensos a los maestros y estudiantes. Aprendemos en colectivo, debemos ser evaluados en colectivo.

Debe recordarse además que las grandes transformaciones de la educación nunca han surgido de las estructuras de evaluación. Los cambios y la mejoría de la educación ha sido fruto de colectividades poderosas, de maestros comprometidos y dispuestos a sacrificarse por el trabajo educativo, por contribuir a sus comunidades y regiones. Cualquier mejoría de la educación cualquier plan solo puede funcionar apostándole a ese espíritu colectivo y transformador. Como la verdadera evaluación, debe arrancar desde abajo, desde los colectivos escolares, de maestros, estudiantes, en relación con sus comunidades y regiones. De hecho, hasta la Ley General del Servicio Profesional Docente, en el único lugar en que habla expresamente de la mejoría de la escuelas dice que para eso es necesaria una evaluación  con la participación colectiva de los  maestros de cada escuela y dice además sus resultados no deben  implicar sanciones de orden administrativo o laboral.

La posibilidad de una evaluación distinta fincada en las escuelas, en las regiones, a partir de maestros y estudiantes y en el contexto de comunidades, organizaciones, regiones, es perfectamente posible. Y es posible por algo paradójico. Por un lado es muy claro que los maestros no aceptarán nunca la reforma  educativa actual, y al mismo tiempo, es muy claro que la SEP no está dispuesta a cancelarla. La distancia  entre esas dos posiciones es un tramo tan grande que a mi juicio permite explorar soluciones.  El marco legal de la reforma está tan lleno de excepciones, contradicciones y ámbitos de interpretación que o debe servir para encontrar una solución o debe desecharse. El mismo término “permanencia” que en la Constitución parece obligar a crear exámenes y despedir maestros en realidad ya existe desde tiempo atrás en el tercero constitucional. Pero nunca nadie ha planteado que se use para expulsar del aula a los maestros.  Y lo más fuerte, es el señalamiento, la persecución, la hostilidad y el enojo contra la existencia misma de un magisterio que resiste. Aplicar este tipo de evaluación y su historia depredadora es una manera de continuar con la política de castigo. El marco legal de la reforma exenta de la evaluación o  del  despido a los maestros de escuelas particulares, a los de las universidades, a los del Poli, e incluso dice que los trabajadores del INEE estarán protegidos por el artículo 123, pero los maestros no, ¿por qué sólo va contra los maestros de escuelas públicas, los de las regiones del suroeste, los de las periferias delas ciudades, los que han respondido con compromiso a las necesidades y exigencias de las comunidades?

[1] Intervención en el Foro “Hacia la construcción del Proyecto de Educación Democrática: Evaluación Educativa Integral” convocado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación el 9 de agosto del 2016 en la Unidad de Congresos del Centro Médico Siglo XXI del IMSS.

Foro Aboites

Ponencia Pablo González Casanova Foro 9 de agosto 2016

HACIA LA EDUCACIÓN QUE NECESITA LA NACIÓN MEXICANA

Pablo González Casanova

9/agosto/2016

Profesoras y profesores, compañeras y compañeros todos:

Para nosotros la solidaridad no es una palabra sin consecuencia. Quiero decir primero, que estoy aquí para manifestarles una vez más mi solidaridad con su lucha. Y quiero antes que nada decirles algo que les puede parecer exagerado, pero que es exacto. Y es, que más que para enseñar vengo a aprender lo mucho que a ustedes es familiar, que es el conocimiento de las escuelas y el saber de los pueblos. Al mismo tiempo, quiero contarles cómo veo su lucha desde los trabajos en que estoy empeñado que se refieren a la globalización neoliberal, en un proceso que está afectando a la inmensa mayoría del mundo y a nuestro país.

Y lo primero que viene a mi mente es lo que dice Luis Hernández Navarro en su reciente libro sobre La novena ola del magisterio, y es que desde el l5 de mayo pasado se descarriló la puesta en marcha de la reforma oficial y se manifestó su inviabilidad en amplias zonas del país…Me parece que eso es exacto. Eso es un hecho. Y es parte de un proceso histórico que se da entre confrontaciones y negociaciones. En su curso, necesitamos pensar más profundamente en la situación, en  el proceso de que es parte, y en cómo podemos dar esta lucha –que es mundial y tormentosa-, en cómo podemos luchar entre las confrontaciones y las negociaciones que se han dado y se den  por una  educación emancipadora, a sabiendas de que la nuestra es una lucha contra la globalización neoliberal que están impulsando las corporaciones y complejos empresariales-militares–políticos y mediáticos con sus asociados y cooptados  que, con el capital financiero a la cabeza, y amparados por una legislación que violan y que cambian a su antojo, se están quedando de la manera más evidente con riquezas y empresas e instituciones nacionales –antiguas fuentes de empleo– que ya han privatizado y desnacionalizado.

No podemos ignorar que las fuerzas dominantes ya se han hecho de importantes medios legales, políticos, mediáticos y represivos que ponen al servicio de sus intereses, y que  les sirven no sólo para legalizar sino para legitimar y para dejar hacer y dejar pasar su despojo de propiedades públicas y sociales, sus disminuciones y evasiones de impuestos, y muchos actos más que explican el enriquecimiento  que han logrado unos cuantos a costa de la Nación y de la inmensa mayoría de una población, que con las anteriores medidas ya sufre la disminución de empleos derivada de la perdida de servicios públicos de salud, de seguridad social, de educación, y de actividades agropecuarias, industriales, comerciales bancarias y de transporte terrestre y aéreo, que antes había logrado obtener la Nación, mediante cruentas luchas del pueblo mexicano, y de un gran número de sus comunidades y trabajadores ahora despojados,  que han perdido tierras, aguas y otros recursos naturales, o empleos y derechos laborales y sociales.

A los hechos anteriores se añaden cambios en la correlación de fuerzas que ya se venían dando desde hace varias décadas y que habiendo estallado en l968  en un proyecto estudiantil-popular fueron nuevamente mediatizados por los gobiernos sucesivos con el empleo de sindicatos blancos y corrompidos a su servicio, y con nuevos recursos por los que con una apariencia de democracia en la alternancia de los partidos, se acentuó la creciente integración de México al proyecto del capitalismo corporativo, neoliberal y globalizador.

A las medidas anteriores se añade la criminalidad  creciente e impune que ha hecho  de los periodistas y los comunicadores algunas de sus principales víctimas, y no se diga ya de la juventud rebelde y sus múltiples desaparecidos…una juventud a la que lejos de  intimidar la han convertido en un luchador cada vez más lúcido y firme, viendo que en su vida el sistema le ofrece un presente y un futuro sin trabajo, sin escuela, sin familia que formar, y, en el campo,  sin tierras que labrar o sin  ganado menor o mayor del que vivir.

Sobre los pobres y los menos pobres de todas las edades han recaído costos crecientes y constantes de la gasolina, de la electricidad y de los alimentos, al tiempo que sus salarios están congelados, cuando los tienen.  Y en tan dolorosa situación los que mandan y organizan este mundo inhumano desde las corporaciones y organizaciones patronales, todavía muestran su inmensa irresponsabilidad moral defendiendo pomposamente la inversión privada como si ésta fuera hecha para crear empleos y no estuviera gozando de crecientes privilegios para crear utilidades. Sus beneficiarios –en una actitud que no es de creer– se dan el lujo de regañar a sus funcionarios, a sus   asociados y subordinados del gobierno porque no emplean una mayor energía para acabar con toda resistencia del pueblo empobrecido y subyugado. Y es en ese terreno donde vemos como la persecución se hace contra las juventudes, contra los pueblos, los trabajadores y los profesores.

Las organizaciones patronales o sus integrantes, por una parte se declaran gozosos de que están haciendo grandes negocios “como nunca”, y por otra se dan el lujo de regañar, como sus señores, a los del gobierno porque no están persiguiendo con más energía a los maestros y no están cumpliendo con su función principal que es defender y promover “eficientemente” a la empresa privada. Altaneros y presumidos, piden a sus ministros que usen más y más violencia, y toda la que sea necesaria para que la empresa privada siga construyendo el maravilloso país en que los mexicanos son primero y “el dinero es más primero”. Tenemos que distinguir en ellos, sin embargo, a quienes rechazan la represión y reclaman el diálogo, que hasta ahora son los menos.

Pero es en esas circunstancias como surgen las confrontaciones y las negociaciones. Lograr que éstas tengan éxito para el “interés general”, para la juventud, para los trabajadores y los pueblos es un problema que entre sus múltiples dificultades plantea la de decirse y decir cuál es en verdad la situación y cuál la posibilidad de negociación. Por mi parte veo dos motivos de las diferencias y de los acuerdos a enfrentar: 1º. Los que se refieren a los derechos de los maestros como trabajadores y 2º. Los que buscan precisar quién educa, sobre qué educa, a quién educa, y cómo se evalúa a los educandos, precisando los criterios de la evaluación y aclarando su validez y confiabilidad.

En cuanto a los derechos de los profesores creo que son los profesores quienes pueden esbozar las formas del acuerdo. En estas palabras me quiero limitar a dos alternativas que veo para acercarse a una solución en el terreno de la docencia, la investigación y la difusión de las ciencias, las humanidades, las artes y las tecnologías.

Frente al proyecto de la globalización neoliberal, que busca hacer de la educación, una cultura de la servidumbre en la que el conocimiento del educando sea puramente instrumental es indispensable presentar un proyecto en que se prepare a la niñez y a la juventud para tener una cultural general científica, crítica y humanista, y poseer tanto el dominio de una especialidad u oficio, como los conocimientos necesarios para cambiar de especialidad u oficio.

En nuestro proyecto será fundamental impulsar los valores de la moral y la verdad, de la experimentación y la práctica tanto en el conocimiento y el saber, como en la conducta y la acción, tanto en las humanidades como en las ciencias, en las técnicas y las artes.  El proyecto habrá de precisar sin equívocos lo que se entiende por estos valores. Así por moral, como valor central de la educación, se entiende la moral de lucha, la moral de cooperación, la moral de defensa del interés general –en todo lo que se pueda–, frente al individualismo, frente al consumismo, y a los intereses particulares con que el ser humano se enajena.  Por verdad se entiende una crítica permanente a la cultura de la servidumbre y un cuestionamiento constante de lo que se cree que pasa y lo que lo determina, así como de los mejores caminos y medidas para alcanzar valores y objetivos a lo que se añadirá el principio cada vez más generalizado de aprender a aprender… NO me extiendo más.

Por lo pronto esbozo otro tema esencial a enriquecer, corregir y precisar. Se basa en un sencillo proyecto que puede llevar al acuerdo: Consiste éste en recurrir a la Escuela Normal Superior, a la Universidad Pedagógica Nacional, así como a todas las instituciones destinadas a la educación y a la ampliación de conocimientos del magisterio para que se les den los medios y atributos necesarios a fin de poner en práctica la reforma con un programa destinado a casi un millón y medio de profesores que laboran en la República Mexicana. El programa se propondría la actualización de la enseñanza en ciencias y humanidades, artes y tecnologías en un período razonable, y al mismo tiempo se elaboraría el proyecto profundo de reforma de la educación por comisiones de trabajo en las que participen especialistas de las organizaciones de los profesores y de las dependencias que tiene la Secretaría de Educación Pública.

Un esfuerzo de concertación semejante podría establecerse de manera permanente para la tarea de organizar cursos de actualización en ciencias y humanidades, en artes y tecnologías a fin de que el profesorado, de manera institucional y por su cuenta, tanto en los sistemas de educación presencial como en los de educación a distancia, tenga el hábito y las facilidades necesarias para ponerse al día en sus actividades docentes y lo haga de manera periódica y sin presión alguna.

Para la elaboración del plan se coordinarían las direcciones, coordinaciones y oficinas de Educación Superior de las Normales, Universidades, Politécnicos y profesionales de la educación, así como las de ciencias y tecnologías agropecuarias e industriales; las de ciencias y tecnologías del mar, las de educación intercultural y bilingüe, las de educación indígena, las de educación básica, educación secundaria y bachillerato.

El proyecto señalaría tareas fundamentales a realizar por los especialistas en formación continua, en actualización y renovación curricular, en gestión educativa, educación básica, televisión educativa, materiales educativos. En el mismo colaborarían expertos en planeación, en programación, en coordinación, en evaluación válida y confiable, en estadística educativa. De acordarse este proyecto u otro semejante podría trabajar en su elaboración más detallada una comisión que presentara propuestas fundadas y concretas para un acuerdo ejecutivo.

Si semejante camino no lograra los apoyos necesarios pienso que las asociaciones y uniones de profesores podrían asumir, por su parte y de manera autónoma, la promoción de la educación que la nación necesita, y con ese objeto se organizarían en “Círculos pedagógicos en ciencias y humanidades”, que se comunicarían y enlazarían en redes presenciales y a distancia, ya sea en programas concretos de ciencias y humanidades que operaran en las instituciones y escuelas donde laboran, ya por su cuenta en los sitios disponibles.

Si, como es evidente, los acuerdos que lleven a una solución de la actual crisis requieren resolver muchos problemas más que escapan a esta propuesta, creo que el movimiento de los pueblos y los profesores, a más de avocarse a resolver los problemas de la reforma educativa que con el gobierno emprenda, puede y debe, por su parte organizar en el país esa red de grupos de maestros que practiquen la educación que la nación necesita…

No me es posible dar término a estas palabras sin reparar en algunas acciones y metas necesarias para que este programa tenga el impacto que se requiere. Las enuncio a continuación como un llamado a todos los que luchemos por un gran avance en la educación nacional:

1º. Antes que nada es necesario respetar la dignidad de los maestros como ha ocurrido siempre en las etapas más notables de la historia del país.

2º. Hay que defender los derechos de los trabajadores de la educación, así como los derechos de los trabajadores y los pueblos de México y de toda la Nación.

3º. Hay que defender y promover la cultura humanística y científica, la artística y la tecnológica y no sólo la apologética sino la crítica y creadora de un mundo mejor, libre, justo y democrático.

4º. Hay que dar a la práctica de la moral una importancia prioritaria: como moral de lucha, de cooperación, de corresponsabilidad.

5º. Hay que respetar a las distintas religiones, razas, sexos, edades y ver constantemente qué medidas se deben tomar para un proceso emancipador permanente y general.

A los valores y metas anteriores añado algunas medidas a tomar:

1º. Hay que organizar la gran campaña de la alfabetización en un país que de acuerdo con los últimos datos oficiales tiene 4,749,057 millones de analfabetos.

2º. Por lo que se refiere a los trabajadores de la educación no sólo debemos organizarnos en forma sindical para la defensa de los derechos laborales sino organizarnos para la construcción de comunidades pedagógicas, de extensión cultural, en que prive la filosofía del aprender a aprender y a construir otro mundo posible, otro México posible en que ideales y valores encarnen en la realidad.

3º. En lo que se refiere a nuestras tareas docentes es de prioridad inmediata que los profesores en cuyas escuelas se suspendieron las actividades atiendan el problema de los conocimientos que no pudieron adquirir los alumnos en el año escolar pasado. A este respecto se les podrá enviar desde ahora una circular a todos ellos.

 Estas y otras muchas acciones se requerirán para diseñar y realizar un proyecto serio y profundo de una verdadera reforma educativa.

Con mi firme solidaridad, les deseo un gran éxito.Don Pablo