Carta para los niños sobre Ayotzinapa

mural de niños

QUERIDOS NIÑONAUTAS

Me encantaría decirles que no están para saberlo, pues las buenas noticias siempre son mejores que las noticias tristes, pero hoy es más importante que nunca que les hablemos con franqueza.

México, nuestro país, está pasando por un momento complicado, pues hace algunas semanas desaparecieron 43 muchachos, todos ellos estudiantes de una escuela en el campo, de un lugar llamado Ayotzinapa. Ellos no eran mucho más grandes que ustedes y fueron tratados injustamente. Imaginen que su maestra los regaña por algo que no fue su culpa y les toca hacer tarea extra, o que el perro rompe un plato y ustedes se llevan el castigo… bueno, algo así pasó con estos chicos, pues alguien con poder y muy corrupto los castigó por algo que no hicieron.

Es probable que últimamente ustedes hayan visto mucho alboroto en las calles y gente, ciudadanos como nosotros, manifestándose para pedir que estos 43 jóvenes estudiantes aparezcan, pues sus papás, sus amigos y sus compañeros de la escuela los extrañan y los quieren de regreso.

Nosotros no los conocemos personalmente pero sabemos sus nombres y hemos visto sus fotos en el periódico y en la televisión.

Hoy, Niñonautas, nos parece importante pedirle a la gente que gobierna México, nuestro país, que nos ayuden a encontrarlos.

Hoy, Niñonautas, es momento de que ustedes hagan todo lo posible por crear un país responsable, sin corrupción, sin robos, sin violencia, sin maltratos, pues los adultos ya hicieron bastante daño.

Contamos con ustedes, chicos, y estamos en sus manos. Acuérdense que este país es suyo y ya es hora de hacer las cosas bien.

Kirén Miret, productora del Programa de Radio de Carmen Aristegui 102.5 FM

Mamá, si desaparezco, ¿a dónde voy?

DONDE ESTAN

Mamá, si desaparezco, ¿adónde voy?

No lo sé, hijo.

Solo sé que si desaparecieras te buscaría entre la tierra y debajo de ella.

Tocaría en cada puerta de cada casa.

Preguntaría a todas y a cada una de las personas que encontrara en mi camino.

Exigiría, todos y cada uno de los días, a cada instancia obligada a buscarte que lo hiciera hasta encontrarte.

Y querría, hijo, que no tuvieras miedo, porque te estoy buscando.

Y si no me escucharan, hijo;

la voz se me haría fuerte y gritaría tu nombre por las calles.

Rompería vidrios y tiraría puertas para buscarte.

Incendiaría edificios para que todos supieran cuánto te quiero y cuánto quiero que regreses.

Pintaría muros con tu nombre y no querría que nadie te olvidara.

Buscaría a otros y a otras que también buscan a sus hijos para que juntos te encontráramos a ti y a ellos.

Y querría, hijo, que no tuvieras miedo, porque muchos te buscamos.

Si no desaparecieras, hijo, como así deseo y quiero.

Gritaría los nombres de todos aquellos que sí han desaparecido.

Escribiría sus nombres en los muros.

Abrazaría en la distancia y en la cercanía a todos aquellos padres y madres; hermanas y hermanos que buscan a sus desaparecidos.

Caminaría del brazo de ellos por las calles.

Y no permitiría que sus nombres fueran olvidados.

Y querría, hijo, que todos ellos no tuvieran miedo, porque todos los buscamos.

Marcela Ibarra Mateos

Artículo de Luis Hernández Navarro

AYOTZINAPA Y LA NUEVA INSURGENCIA CÍVICA.

Luis Hernández Navarro. La Jornada 11 noviembre 2014terrorismo

El fuego devora un vehículo frente al palacio de gobierno de Chil­pancingo. En el chasis de otro derribado, sobre uno de sus costados, manos rabiosas pintaron: Justicia. Guerrero está en llamas.

La lumbre que devora edificios públicos y automotores expresa la rabia y la indignación crecientes de cada vez más jóvenes en la entidad. Es el termómetro de una insurgencia cívica y popular de largo aliento que sacude todo su territorio, y se extiende a más municipios y sectores. Es la evidencia de una ira que cada día que transcurre se radicaliza más y más.

En un primer momento las protestas se centraron a las autoridades locales y el Partido de la Revolución Democrática. Edificios municipales y las oficinas del sol azteca fueron incendiadas. Las flamas de la cólera se extendieron después contra el gobernador con licencia Ángel Aguirre. Hoy han alcanzado al presidente Enrique Peña Nieto. La exigencia de su renuncia es un clamor a lo largo y lo ancho de la entidad y del país.

Alrededor de 22 de los 81 municipios del estado están tomados. La cuenta crece cada día. Los plantones surgen como hongos en las plazas públicas. La revuelta no sólo obstaculiza el buen funcionamiento de los cabildos. La multitud analiza echar a andar gobiernos paralelos.

Como resultado del alzamiento cívico, la economía local funciona a trompicones. Los hoteles se han vaciado. Los interminables bloqueos carreteros estrangulan el transporte de carga y de pasajeros. El cerco a los grandes centros comerciales frena las transacciones comerciales.

Esta nueva insurgencia cívica y popular recuerda la vivida en la entidad entre 1957 y 1962, en contra del despótico gobernador Raúl Caballero Aburto y en favor de la democratización, a la que el gobierno federal respondió con dos masacres (Chilpancingo, en 1960, e Iguala, en 1962), y que culminó, años después, con la formación de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), conducida por el profesor Genaro Vázquez Rojas.

La revuelta actual tiene en normalistas, maestros, policías comunitarias y organizaciones campesinas su columna vertebral. Su larga tradición de lucha y su experiencia organizativa son el sustrato que sostiene la movilización. Sin embargo, el levantamiento va mucho más allá de ellas. En algunas regiones participan hasta empresarios.

En Guerrero existen desde hace 45 años organizaciones insurgentes. Según un recuento periodístico, desde 1994 se han manifestado públicamente 23 de ellas. Hay evidencias serias de la presencia y actuación de, al menos, cinco. Tienen implantación social en varias regiones, capacidad de fuego y experiencia en la acción. Varias han acordado formas de entendimiento y coordinación.

La expansión de la insurgencia cívico popular guerrerense ha sido acompañada y cobijada por un amplísimo y creciente movimiento nacional de solidaridad. El mundo universitario está en ebullición. Al menos 82 escuelas y centros de educación superior pararon exigiendo la presentación con vida de los 43 normalistas rurales desaparecidos. En las redes sociales son apabullantes las muestras de descontento contra Enrique Peña Nieto.

La estrategia gubernamental para enfrentar la crisis ha sido desastrosa. Error tras error, cada paso que las autoridades dan las acercan irremediablemente al borde del abismo. Incapaces de comprender la naturaleza de la insurgencia cívica que tienen frente a sí, han respondido echando mano de politiquería barata y maniobras burdas. Su apuesta de ganar tiempo y esperar un milagro tiene saldos cada vez más negativos.

Así aconteció con su último ardid. La versión de que los alumnos de Ayotzinapa habrían sido ejecutados, calcinados en un basurero de Cocula y sus cenizas arrojadas al río, de acuerdo con testimonios de presuntos integrantes del cártel Guerreros unidos, difundida por la Procuraduría General de la República (PGR), ha propiciado que los ánimos se exacerben aún más. Lejos de ofrecer una explicación convincente de los hechos, la conferencia de Jesús Murillo Karam causó más dudas y malestar. La arrogancia de su respuesta a las preguntas de los reporteros generó más indignación.

El gobierno federal pretende establecer un relato oficial de la masacre y una verdad jurídica para evadir su negligencia y responsabilidad en los hechos y librar posibles demandas internacionales en su contra. Busca ocultar que se trató de un crimen de Estado y de delitos de lesa humanidad. Sin embargo, su explicación está llena de omisiones, inconsistencias y contradicciones. No es creíble.

De frente, Felipe de la Cruz Sandoval, vocero de los padres de los normalistas desaparecidos, dijo al presidente Peña Nieto en el encuentro sostenido en Los Pinos el pasado 29 de octubre: Creo yo que si usted no tiene la capacidad para darnos la respuesta, ya también debe de estar pensando lo mismo que el gobernador de Guerrero.

No es el único que lo piensa. Una y otra vez, en las distintas movilizaciones que se producen en el país, la multitud corea dos consignas que sintetizan no sólo un estado de ánimo pasajero, sino las convicciones profundas de quienes las vocean. Al gritar ¡Fue el Estado!, señalan a quien consideran responsable de la barbarie. Al exigir ¡Fuera Peña! expresan lo que ven como vía de salida del conflicto. La insurgencia cívica y popular ha entrado a una nueva etapa.

Twitter: @lhan55

Luis Villoro. Ya sé leer

YA SÉ LEER. Vida y muerte en Guerrero.

Luis Villoro. El País.

El pasado 17 de octubre el cadáver de Margarita Santizo fue velado en la calle Bucareli de la Ciudad de México, frente a la Secretaría de Gobernación. Así se cumplía la última voluntad de la difunta, que había buscado sin éxito a su hijo desaparecido. La escena sirve de alegoría para un país donde la política amenaza con transformarse en un rito funerario.

La espiral de violencia alcanzó un grado superior el 26 de septiembre con el asesinato de seis jóvenes y el secuestro posterior de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa. Ese día me encontraba en la Universidad Autónoma Guerrero para dar una conferencia sobre José Revueltas. Mi anfitrión era un alto funcionario de la Universidad que en su juventud perteneció a la guerrilla de Lucio Cabañas. Hablamos del escritor comunista tantas veces encarcelado por sus ideas. Esto permitió que el académico repasara su propia trayectoria: “Lucio Cabañas me salvó la vida”, comentó con una peculiar mezcla de admiración y tristeza: “Me obligó a bajar de la sierra antes de que mataran a su gente: ‘No tienes aspecto de campesino’, me dijo: ‘Si te encuentran acá, no podrás decir que andabas sembrando; tienes que continuar la lucha donde vales más: el salón de clases”.

La exigencia del guerrillero significó la pérdida de una ilusión. Al mismo tiempo, el solitario camino de regreso a la vida civil permitió que un luchador social siguiera con vida.

La gran paradoja del Estado de Guerrero es que ser maestro también es un oficio de alto riesgo. Cabañas nació en un pueblo que refutaba su nombre (El Porvenir) y se dedicó a la enseñanza primaria. Muy pronto descubrió que era imposible educar a niños que no podían comer. Al igual que otro maestro, Genaro Vázquez, creó un movimiento para mejorar la vida de sus alumnos y se topó con la cerrazón oficial. Con el tiempo, quienes enseñaban a leer radicalizaron sus métodos de lucha.

La cultura de la letra ha sido un desafío en una zona que dirime discrepancias a balazos. En los años sesenta del siglo XX, dos terceras partes de los pobladores de Guerrero eran analfabetas. La Normal de Ayotzinapa surgió para mitigar ese rezago, pero no pudo ser ajena a males mayores: la desigualdad social, el poder de los caciques, la corrupción del gobierno local, la represión como única respuesta al descontento, la impunidad policiaca y la creciente injerencia del narcotráfico. Esas lacras no son ajenas a otras partes del país. La peculiaridad de Guerrero es que el oprobio ha sido continuamente impugnado por movimientos populares.

En México armado, libro fundamental para entender este conflicto, Laura Castellanos narra el tránsito de los maestros a la guerrilla. Genaro Vázquez fundó una Asociación Cívica que recibió el repudio de las autoridades y el mote despectivo de “Civicolocos”. Por su parte, Lucio Cabañas creó el Partido de los Pobres, pero no logró incidir en la política local. El Gobierno ofreció a los cabecillas dinero y puestos políticos (en Guerrero, suelen ser sinónimos). Los líderes rechazaron esa salida “negociada” y optaron por un camino sin retorno en la montaña.

La salvaje represión de la guerrilla se conoció con el redundante eufemismo de “guerra sucia”. Después de la muerte de Cabañas, hubo 173 desaparecidos. Castellanos cuenta la historia de la base aérea en Pie de la Cuesta, Acapulco, donde los aviones despegaban para arrojar disidentes al océano, inclemente recurso que también usarían las dictaduras de Chile y Argentina. En los años setenta, durante la presidencia de Luis Echeverría, México fue el país esquizoide que daba asilo a perseguidos políticos de Sudamérica y sepultaba a sus inconformes en altamar.

Hablábamos en Acapulco de José Revueltas y Lucio Cabañas cuando supimos que seis jóvenes habían sido asesinados en el municipio de Iguala. Esta noticia del infierno venía agravada por una certeza: el horror no era nuevo; llegaba de muy lejos. En Guerrero, la violencia ha sido sistemáticamente alimentada por las masacres cometidas por el ejército y grupos paramilitares. Luis Hernández Navarro, autor de un libro crucial sobre el tema(Hermanos en armas), señala que todos los movimientos insurgentes de la región han surgido después de matanzas (la de Iguala, en 1962, produjo el levantamiento de Genaro Vázquez; la de Atoyac en 1967, el de Lucio Cabañas; la de Aguas Blancas en 1995, el del Ejército Popular Revolucionario).

¿Cuál será el saldo de 2014? El narcotráfico ha ganado fuerza en la región con la presencia rotativa de los cárteles de La Familia, Nueva Generación, los Beltrán Leyva y Guerreros Unidos. Pero no es la principal causa del deterioro. En ese territorio bipolar, el carnaval coexiste con el apocalipsis. El emporio turístico de Acapulco y la riqueza de los caciques contrasta con la pobreza extrema de la mayoría de la población. La indignante desigualdad social justifica el descontento y explica que muchos no encuentren mejor destino que sembrar marihuana o matar a sueldo.

En 2011, el Partido de la Revolución Democrática llevó a la gubernatura a Ángel Aguirre, que había pertenecido al PRI y fungido como gobernador interino en 1999, sustituyendo a su jefe, Rubén Figueroa, responsable de la matanza de Aguas Blancas. Su elección fue un giro oportunista para sumar intereses políticos con el engañoso mensaje de una alternancia en el poder. Como los barcos que utilizan la insignia de Panamá, el PRD se ha convertido en una entidad que alquila su bandera. En la búsqueda del poder por el poder mismo, apoyó a un personaje que jamás combatiría la corrupción ni la injusticia. Al amparo de esa gestión, surgieron figuras dignas de Los Soprano, como el alcalde de Iguala, José Luis Abarca, también del PRD y hoy fugitivo. De manera inverosímil, la cúpula partidista respaldó a Aguirre después de la desaparición de los estudiantes. Sólo la presión social llevó a su renuncia, que en modo alguno mitiga el eclipse del “Partido del Sol”.

En la búsqueda de los normalistas desaparecidos se han encontrado fosas con otros muertos. De 2005 a la fecha han aparecido 38 criptas de ese tipo. Excavar la tierra en Guerrero es un inevitable acto forense.

Durante medio siglo, los abusos de las autoridades han sido repudiados por una población pobre pero politizada. La Escuela Normal representa un centro neurálgico de la discrepancia. Conviene recordar que en los años sesenta uno de sus activistas se llamaba Lucio Cabañas.

El 26 de septiembre hubo cuatro balaceras distintas y un solo blanco: los jóvenes. Con el apoyo del crimen organizado, el alcalde Abarca sembró el terror para amedrentar a los normalistas que se movilizaban para recordar a las víctimas de la matanza de Tlatelolco. Una vez desatado el mecanismo represivo, también fue acribillado un equipo de fútbol. ¿Su delito? Ser jóvenes; es decir, posibles rebeldes.

“Hay una tensión entre leer y la acción política”, escribe Ricardo Piglia. Interpretar el mundo puede llevar al deseo de transformarlo. En ocasiones, la letra, y la ortografía misma, son un gesto político que desafía un orden bárbaro: “Podríamos hablar de una lectura en situación de peligro. Son siempre situaciones de lectura extrema, fuera de lugar, en circunstancias de extravío, o donde acosa la amenaza de una destrucción. La lectura se opone a una vida hostil”, argumenta Piglia en El último lector.

El Che Guevara pasó su última noche en una escuela rural. Ya herido, contempló una frase en la pizarra y dijo a la maestra: “Le falta el acento”. La frase era “Yo sé leer”. Ya derrotado, el guerrillero volvía a otra forma de corregir la realidad.

Hace años, maestros acorralados por el Gobierno decidieron tomar las armas en Guerrero. Lucio Cabañas decidió salvar a uno de los suyos para que volviera a la enseñanza, instrumento de lucha en un país sin ley.

43 futuros maestros han desaparecido. La dimensión del drama se cifra en una frase que se opone a la impunidad, el oprobio y la injusticia: “Yo sé leer”. El México de las armas teme a quienes enseñan a leer.

A ese país le falta el acento. Llegará el momento de ponérselo.

Ya me cansé….

YA ME CANSÉ.

ÁLVARO CUEVA 09/11/14 1:18 AM

Ya me cansé. Yo sí, ya me cansé. ¿De qué? De vivir en un país de muertos y desaparecidos, de espectáculos mediáticos que no resuelven nada, de explicaciones a medias, de que me hagan perder el tiempo.

Ya me harté de tener gobernantes incapaces de asumir las responsabilidades de sus actos, de políticos soberbios e intocables que en lugar de pedir perdón, como lo hacen los mejores líderes de las más importantes potencias del mundo, piden nuestra devoción.

Ya no puedo soportar salir a las calles y encontrarme con otra marcha, con otro incendio, con otra manifestación de familias, de trabajadores, de estudiantes devastados por la tristeza, por la sangre, por el enojo.

Ya no tengo fuerzas para seguir llorando en silencio, para mirar el desfile de cadáveres en que se ha convertido mi realidad ni para fingir que estoy de buenas, que no pasa nada, que se trata de una noticia aislada.

Ya me enfadé ante la lentitud con la que se manejan las investigaciones y los procesos legales en este país, de que cada vez que ocurre algo pasen años para que medio se sepa la verdad, de que nunca lleguemos a castigar a los verdaderos culpables de nada.

Ya me agoté de escuchar entrevistas a medias, declaraciones abstractas, compromisos para la foto, promesas que solo se cumplen para los informes de gobierno, de frases rimbombantes, de eufemismos baratos, ofensivos.

Ya no consigo dormir imaginando el infierno por el que pasaron todas esas personas que están apareciendo mutiladas, asesinadas, calcinadas, imaginando su miedo, lo que sintieron, lo que dijeron.

Ya llegué al límite de mi paciencia ante esos políticos que le echan la culpa de todo a los representantes de otros partidos, pero que a la hora de las elecciones los abrazan y los convierten en sus aliados para sumar votos.

Ya me puse mal, muy mal, de que la acumulación de tanta sangre y de tantos muertos sea tan, pero tan vieja y tan grande que nada de lo que nos digan nos satisfaga, que nada de lo que nos expliquen nos parezca confiable.

Ya no me cabe tanto horror, tanta rabia ni tanto dolor. No hay capacidad de asombro que no sea rebasada ante el poder de esas imágenes, ante el impacto de esas palabras.

Ya no puedo más con el peso de todos estos sentimientos, con la acumulación de tantas víctimas, con el cinismo de tantas personas, con la decepción, el desencanto.

Ya me fastidié de vivir en esta maldita polarización. ¿Será posible que ni los huesos carbonizados de tantas personas sean capaces de unirnos como nación? ¿Dónde está el luto nacional? ¿Por qué la bandera no está a media asta? ¿Por qué no asumimos esto como lo que es?

Ya me desesperé de nuestra ausencia de memoria, de nuestra incapacidad para darle seguimiento a tantos muertos, de tantas desgracias, de tantos estados, de tantas décadas y de tantos orígenes tan diferentes.

Ya me aburrí de que en México los malos siempre sean los maestros y los estudiantes, de que aquí ser profesor sea un delito, de que ser joven sea un pecado. ¿Por qué ellos? ¿Por qué siempre ellos?

Ya quedé exhausto de padecer a tantos oportunistas, de tantos tipos, que se cuelgan de noticias como las del viernes pasado para llevar agua a sus molinos, para llenar de fanáticos sus agrupaciones, para convertir esto en un campo de batalla, pero de otras guerras, de otros intereses.

Ya estoy harto de recibir las genuinas condolencias de mis colegas de otros países, de escuchar sus expresiones de lástima, de duelo, de tener que explicarles lo que no tiene explicación, de esconder la cara cuando se habla de lo que está pasando aquí.

Ya me deprimí de tanto mirar hacia el futuro y de no encontrar respuesta, de no encontrar salida, de que todo sea odio y frustración, de que toda la gente esté furiosa, de que no exista la posibilidad de hacer contacto, de establecer comunicación.

Ya no estoy dispuesto a firmar otro pacto. Toda la vida me la he pasado firmando pactos. ¡Ya! ¡Basta! Yo no tengo por qué estar firmando nada. Para eso tengo un gobierno, instituciones. ¡Quiero resultados! ¡Respuestas!

Ya me cansé de que la muerte sea un estilo de vida, de asumir los derechos humanos como una burla, de justificar la ineficacia de tantas personas en aras de una armonía que no existe y de gritar sin ser escuchado. Yo sí, ya me cansé. ¿Usted no? ¡Atrévase a opinar!

¡Urgente, urgente, que renuncie el presidente!

PADRES DE LOS NORMALISTAS DAN DOS DÍAS DE PLAZO AL GOBIERNO PARA QUE APAREZCAN

Alonso Urrutia y Arturo Sánchez Jiménez / La Jornada Jueves 23 de octubre de 2014, p. 7

  • Si no hay respuesta, que se atengan a las consecuencias, advierten
  • Miles de estudiantes marchan al Zócalo; exigen la salida de Peña Nieto y Aguirre Rivero
  • No somos todos, nos faltan 43, decía una pancarta como epígrafe de la movilización que reunió a decenas de miles de estudiantes que exigieron la presentación con vida de los 43 normalistas de Atotzinapa.portada 22

Del Zócalo a Paseo de la Reforma, la masa estudiantil entró en ebullición, con irreverencia e indignación. Confluencia de pasiones de decenas de miles que salieron a las calles –en una de las movilizaciones más nutridas de los años recientes– para hacer tabla rasa de los políticos y sin distingo de cargos, federales o estatales, sentenciaron de manera sumaria:¡Asesinos! O acaso ya tienen identificado al culpable, como señaló una pancarta de la Facultad de Filosofía y Letras: Ayotzinapa, fue el Estado.

Fue una ebullición con tintes de rebelión. El destino de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa catalizó el drama de los desaparecidos que arrastra el país desde hace años y que ahora es repudiado a coro por los jóvenes que reclaman: “PRI, PAN, PRD=narcogobierno”, un gobierno al que sin regateos le imputan la responsabilidad principal en la tragedia de Ayotzinapa.

Nos arrancaron tanto que hasta el miedo se llevaron, decía una de las miles de pancartas enarboladas en el Día de Acción Global por Ayotzinapa, cuya convocatoria unificó ayer a la comunidad estudiantil que salió a las calles en una marcha multitudinaria. A saber las cifras, pero cuando los padres de los jóvenes desaparecidos comenzaban a hablar frente a las puertas de Palacio Nacional, el último contingente sorteaba la glorieta de Colón y pasadas las 21:30 horas ingresaba a la Plaza de la Constitución.zocalo 3

Muerte, sangre, corrupción

Incontables escuelas hicieron acto de presencia en la movilización e insólitamente entre ellas hubo grupos del Instituto Tecnológico Autónomo de México. Cada conjunto se esforzó por plasmar su identidad escolar, pero hubo denominadores comunes que los unificaron en la protesta: muerte, sangre, corrupción, desaparecidos.

Y algo más: gran parte de los contingentes llevaron a niveles más altos la responsabilidad de los hechos de Ayotzinapa y corearon: ¡Fuera Peña!

En la vanguardia de la movilización, padres y madres de los normalistas desaparecidos. Con la tristeza a cuestas llevaban consigo los retratos de sus hijos, de quienes nada saben desde hace 27 días. Caminaron en silencio la mayor parte del trayecto, pero a ratos algunos desahogaron su impotencia y exigieron, por enésima vez, la renuncia del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, y que se castigue a los culpables de los homicidios y desapariciones de normalistas, para rematar con una advertencia: si las autoridades estatales y federales no pueden hacer justicia, que se vayan todos.

Alexander, ¡vivo!; Martín, ¡vivo!; Carlos, ¡vivo! Uno a uno se pasó lista a los estudiantes desaparecidos mientras la manifestación recorría Paseo de la Reforma y avenida Juárez rumbo al Zócalo.

El paso de los familiares de los normalistas y de sus compañeros de estudios fue atestiguado por miles de personas que formaron vallas a los costados de los contingentes a lo largo de Reforma.

solo tienen sus fotografiasCon enormes retratos de los jóvenes desaparecidos, la vanguardia del contingente entró al Zócalo. Se colocó en la parte central del templete, desde el cual los oradores recordaron una y otra vez: Nos faltan 43 compañeros, a quienes dejaron 43 sillas vacías para patentizar su ausencia. Tres sillas más tenían una veladora, para recordar a los normalistas que fallecieron aquella noche.

El gobierno no nos ha respondido como debería. Le demandamos que nos dé respuesta lo más pronto que pueda. Les vamos a dar dos días más; si no, tomaremos otro tipo de medidas. Que se atengan a las consecuencias, dijo desde el templete uno de los hombres cuyos hijos no aparecen.

Otro de los padres señaló que en Ayotzinapa la gente se está organizando para buscar a los que se llevaron a sus hijos. Y reiteró: Les damos dos días o vamos a tomar otras acciones.

ZOCALO 22a octubreCasi cuatro horas de movilización

Convocada para las 18 horas, la marcha se retrasó ante la interminable confluencia de contingentes que llegaron a las inmediaciones del Ángel de la Independencia, que padeció el embate de la indignación de los jóvenes, mientras la policía capitalina estuvo ausente o, al menos, desplegados de forma discreta.

La intensidad de las consignas dio cuenta de la relatividad del tiempo en esta tragedia. Entre la parsimonia gubernamental para esclarecer los hechos y el apremio, con tintes de emergencia nacional, que para la comunidad estudiantil tiene conocer el destino de los 43 desaparecidos.

La lucha tuvo varias formas de expresión. En las inmediaciones del Ángel de la Independencia varios jóvenes desafiaron la solemnidad del monumento y embozaron a las petrificadas mujeres que simbolizan la justicia, la paz y la ley. Parecía demasiada ironía para los tiempos que vive el país y optaron por ocultarles el rostro.

Antes de salir, el contingente del Instituto Nacional de Bellas Artes dio muestras de su particular forma de protesta: la danza y la música contra el horror de Ayotzinapa. Vestidos de negro, varios jóvenes improvisaron una danza ¿por la vida o por la muerte? La interpretación fue celebrada por la masa que remató con gritos en demanda de la aparición de los normalistas.

Otro grupo de estudiantes optó por el desnudo. Los cuerpos de las mujeres de la Escuela Nacional de Antropología e Historia cubiertas con pintura que simulaba la sangre de un país violento, y la consigna: No más muertes.

Porque la agresión contra los jóvenes debe atraer la atención social, porque nuestros cuerpos desnudos muestran la indefensión en la que estamos los estudiantes, explicó una alumna.

La diversidad de la protesta fue del silencio casi con tono de procesión hasta el legendario estribillo contra el ¿viejo régimen?: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Algunos grupos con rítmica música taladraron las calles con esa añeja consigna.

Entre la gran cantidad de grupos estudiantiles se intercalaron organizaciones sociales que añadieron al reclamo popular sus propias demandas: el Sindicato Mexicano de Electricistas, los campesinos de San Salvador Atenco y representantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, entre otros.

La enorme columna de manifestantes (50 mil personas, según el Gobierno del Distrito Federal) hizo imposible la confluencia de todos en el mitin central. Padres, madres y normalistas de Ayotzinapa demandaron desde el templete la salida de Enrique Peña Nieto y de Ángel Aguirre Rivero, cuando gran parte de la multitud apenas ingresaba a la avenida 5 de Mayo.

Mientras algunos oradores desahogaban a las puertas de Palacio Nacional sus sentimientos de rabia, dolor, tristeza e indignación, o todos juntos, el Zócalo se llenaba paulatinamente de centenares de veladoras que rodearon el asta bandera. En amplios espacios de la Plaza de la Constitución la consigna política dio paso al silencio, mientras las luces de las veladoras ardían en memoria de los desaparecidos.

La marcha concluyó pasadas las 22:30 horas. Asistieron casi todas las escuelas de la región, aunque una pancarta fue el epígrafe de la movilización: No somos todos, nos faltan 43.Llama de la esperanza

Todos somo Ayotzinapa

La marcha estudiantil más grande en décadas retumba en el DF: Todos Somos Ayotzinapa

Escrito por el 23 octubre 2014 a las 10:08 am en Sociedad

Ayotzinapa 2210 1Antorchas, veladoras, trompetas, pero, sobre todo, un silencio impactante de decenas de miles de jóvenes en varios contingentes provenientes de todos los puntos cardinales de la Ciudad de México fluyeron como un río humano durante cuatro horas desde el Angel de la Independencia, sobre la avenida Reforma, hasta el Zócalo con un clamor: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

Aquí Todos somos Ayotzinapa, pero también todos somos normalistas, padres de familia, primos, hermanos, de los más humildes, de los más criminalizados durante décadas por un Estado que desprecia a sus maestros egresados de las normales rurales.

Todos demandan la aparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, secuestrados desde el 26 de septiembre, en una orgía de narcopoder protagonizada por policías municipales que, hasta hoy, nos confirmó la Procuraduría General de la República que recibieron la orden del alcalde perredista de Iguala, José Luis Abarca.

No piden la renuncia de Angel Aguirre, mandatario estatal. Para casi todos, el ex priista está hundido en las mismas 19 fosas que se han encontrado recientemente. Piden la renuncia del primer mandatario Enrique Peña Nieto y acusan a los tres grandes partidos (PRI, PAN y PRD) de estar coludidos con el “narcopoder”.

Los jóvenes anarquistas, encapuchados, encapsulados, hacen pintas en el trayecto, pero todo amago de violencia y provocación es rechazado de inmediato. Es una marcha pacífica, sin vigilancia policiaca ostentosa ni intimidante.

“No violencia, no violencia”, gritan cientos de jóvenes, muy jóvenes, de la Universidad de Chapingo, sobre la calle de Tacuba, a dos cuadras del Zócalo, cuando hubo uno de los intentos de utilizar las antorchas para incendiar una bandera del Hotel Holiday Inn.

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No pasó a mayores. La gente se vigila a sí misma. Es la intersección de una indignación largamente larvada por una guerra contra el narco que se transformó en una guerra contra los más pobres. Un etnocidio simulado. Crímenes de lesa humanidad. Desapariciones forzosas. “El país se nos volvió una narcofosa”.

Decenas de familias, oficinistas, turistas y cientos de reporteros vieron pasar una marcha que se prolongó desde las 18 horas hasta más allá de las 22 horas.

Las veladoras proliferaron en la plancha del Zócalo, donde se instaló un templete con la presencia de los padres de familia de los 43 jóvenes desaparecidos, de sus compañeros de la Escuela Normal Rural y con integrantes de otros colectivos como el Frente Popular de Defensa de Atenco.

Estamos ante la marcha más grande de los últimos años –quizá desde las jornadas del movimiento universitario del 68- sin signo partidista, sin consignas electorales y con una gran indignación que se ve en los rostros, en las mantas, en los carteles, en las pintas, en las consignas que escalan la rabia hasta Enrique Peña Nieto.

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“Podrán arrancar la vida, jamás los ideales”, proclama una manta de jóvenes de la UNAM. “En México es más peligros ser estudiante que ser narcotraficante”, reza una pancarta. “La rebeldía es arena cargada de futuro”, de la Facultad de Filosofía y Letras.

“México huele a muerte, en el dolor de una madre de su hijo desaparecido”, reza una pancarta. La porta una madre de clase media, sentada en silla de ruedas, con una bandera mexicana que ondea a media asta, en una esquina de la Catedral Metropolitana.

La imagen es un símbolo y una síntesis. Aquí las clases sociales se mezclan. Los niños bien de la Ibero marchan con los del Politécnico Nacional. Los chavos ITAM con los de la UNAM, las antiguas vocacionales con varias escuelas normales que toman por asalto el corazón de la marcha.

“Que se Atengan a las Consecuencias”

Sobre el templete instalado delante del Palacio Nacional, Rafael uno de los padres le advirtió al gobierno de Peña Nieto:

“Nomas de dos días les vamos a dar. Sino que se atengan a las consecuencias”.

Otro normalista arenga: “Hoy no va a dormir Peña Nieto”. Y los gritos en su contra, con peticiones de que renuncie se escucha con fuerza en un Zócalo con contingentes que llegan de manera intermitente.

Los integrantes del Frente de Defensa de la Tierra de Atenco se hicieron presentes. Ignacio del Valle, líder histórico de Atenco, toma la palabra. Blande su machete. Y recordó que desde hace 14 años ellos han vivido la intensa represión del gobierno peñista.

En esta concentración no hay líderes políticos. Sólo hay líderes cívicos. Y los principales son los 43 ausentes. El pase de lista de cada uno de estos jóvenes se acompañó con el grito: “Justicia, justicia”.

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