Por una evaluación alternativa

NO PRECISAMENTE UNA EVALUACIÓN

Hugo Aboites* La Jornada 11 julio 2015

La reforma va tan a fondo que ha dejado a los maestros sin espacio para ceder y negociar y, por el otro lado, el ensoberbecido ánimo empresarial de la reforma no le tolera al gobierno ni siquiera una leve suspensión de 10 días. Por eso el conflicto crecerá, se volverá nacional y cada vez más intenso. ¿Por qué una evaluación de maestros, que podría fácilmente caer dentro de la categoría de un asunto escolar, se ha transformado en una amplia e intensa confrontación? Tres posibles respuestas:

1) No se trata de una evaluación, sino de un enfrentamiento de clase. Es claro ahora que la iniciativa nunca fue del gobierno; fue concebida, agendada y en mucho puesta en marcha por una coalición de grandes empresarios nacionales (Mexicanos Primero) al amparo de un acuerdo gobierno-OCDE tomado en 2008. La evaluación, además, no se plantea en general (evaluar al sistema educativo) sino que está expresa y exclusivamente dirigida no a los maestros, sino contra ellos. El paquete de la reforma que la prohíja los descalifica, acusa de criminales y corruptos, culpabiliza del desastre en la educación, y somete obligatoriamente a absolutamente todos a un proceso que puede llevar al despido o, igual de radical, a removerlos del trabajo docente. Llega al exceso de hacer esta agresión parte constitutiva de la República (al enclavarla en el artículo tercero) para que sea incuestionable, irreversible. Es una irrupción directa y profundamente destructiva en las condiciones en que viven y trabajan casi 2 millones de servidores públicos, y los coloca, además, en una posición de humillante subordinación. Se busca disciplinar al conjunto, pero también, a cada maestra o maestro en particular, gracias al desarrollo y práctica de un confuso y burocrático esquema individual de evaluación sumamente sesgado (¡la opinión del jefe!, por ejemplo) centralizada y punitiva, que ha diseñado el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. No es una evaluación, es un intento radical de reorganización de la relación de clases y es eso lo que abre un frente de batalla en las calles, escuelas y zonas de la educación del país. Y la educación sufre las consecuencias.

2) Además, es más que una evaluación: es el anuncio de una propuesta de educación que nace desde una visión radicalmente distinta y contraria a la de las escuelas mexicanas. La visión empresarial de la educación no oculta su matriz originaria: la experiencia de la empresa, de un dueño-jefe, de una estructura jerárquica y autoritaria, normas determinadas unilateralmente y desde arriba, conocimiento entendido como trozos inconexos de habilidades e informaciones (competencias), estándares de desempeño rígidos, incuestionables y unilaterales para los empleados y, todo esto, en un contexto de competencia, individualismo y eficiencia. Producir para acumular, competir para vencer. De este microclima nace una visión de la preñada de verticalidad, autoritarismo y lejanía respecto de la realidad del país y sus gentes. Las condiciones materiales de vida y trabajo del magisterio, por el contrario, pueden dar lugar a visiones muy diferentes. Aunque para muchos maestros y maestras la referencia sigue siendo la de la educación burocrática instalada desde hace décadas en el sistema educativo, cada vez más son alentados por un marco de ideas libertarias, el énfasis en procesos y decisiones colectivas, la formación crítica de niños y jóvenes, la libertad de expresión, la recuperación de la cultura y la comunidad. Esta otra educación tiene como punto de referencia la experiencia (que los empresarios no tienen) de la interacción directa durante años con las y los niños y jóvenes, la escuela, el trabajo colectivo (activo o pasivo) con los otros maestros, y la experiencia de un sistema único nacional, una organización gremial también nacional y, además, una historia de luchas y movilizaciones de carácter fundamentalmente progresista. Son así, dos visiones de la educación diametralmente opuestas, que también crecientemente colisionan como parte del enfrentamiento de clases sociales en la educación.

3) No es una evaluación, es una propuesta ética. Una que viene del horizonte del poder privado central y vertical, de la acumulación de capital y la subordinación, y convoca a la competencia, la consagración de la mercancía y el consumo. Pero se enfrenta a otra que procede de la interacción diaria de las maestras y maestros con niños y jóvenes en las periferias citadinas y comunidades más apartadas y pobres del país, sus problemáticas, sus esfuerzos de sobrevivencia y luchas. De esta última surge una evaluación distinta: desde abajo, pero nacional; que retoma la escuela, los estudiantes, maestros y el papel de la comunidad como arranque del proceso de evaluación; que valora el compromiso desinteresado y solidario, la importancia del conocimiento y el aprecio al trabajo como profesor. Es esta última la ética que ofrece mayor posibilidad de crear educación como un espacio abierto, donde maestros y estudiantes puedan, en interacción también con otros grupos y clases, plantear una conducción de la educación amplia y democrática, con contenidos que reflejen las aspiraciones y necesidades del pueblo mexicano.

La posibilidad de resistir exitosamente al proyecto empresarial, estriba en la construcción de una visión y ética desde lo local a lo nacional para la educación y la evaluación.

*Rector de la UACM

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